La vida de Cristo para cada día

Grande delante del Señor

El ángel anuncia que Juan sería grande ante Dios, nazareo y lleno del Espíritu, y que iría delante del Señor en el espíritu y poder de Elías para volver los corazones hacia él.

¡Cuán feliz fue Zacarías al oír de labios de un ángel tal carácter de su hijo prometido! Su hijo habría de ser «grande delante del Señor». No sería una bendición tener un hijo grande delante del mundo. Los que son grandes delante del Señor son despreciados por el mundo. Los hombres dijeron de Juan el Bautista: «Demonio tiene», y tuvieron a los apóstoles por la inmundicia de todas las cosas.

El ángel dijo que Juan no bebería vino ni bebida fuerte. Sería lleno del Espíritu Santo, y a muchos de los hijos de Israel volvería al Señor su Dios. ¿Por qué, pues, no bebería Juan vino? Porque era nazareo. Un nazareo era una persona separada para el Señor de una manera muy singular. A veces los israelitas hacían votos de separarse así durante una semana, un mes o un espacio más largo de tiempo. Durante ese tiempo no probaban ni vino ni uvas, y dejaban crecer las guedejas de su cabeza. Algunos niños eran nazareos desde su nacimiento. Samuel fue así consagrado al Señor por su madre que oraba, y Sansón por el nombramiento de un ángel. Juan el Bautista fue también nazareo desde su nacimiento. Las ceremonias judías han cesado desde que el Señor Jesús ha dado a conocer su evangelio. Pero aunque no debamos hacernos nazareos, debíamos, como ellos, estar consagrados al servicio de Dios y separados de los placeres pecaminosos de un mundo impío.

El ángel declaró también que el niño que pronto nacería iría delante del Señor en el espíritu y poder de Elías. Si leemos la historia del profeta Elías, veremos una gran semejanza entre él y Juan el Bautista. Se parecían en espíritu. Ambos fueron fieles y valerosos. Elías profetizó en la corte del impío rey Acab y de su aún más impía reina, y con su intrepidez puso en peligro su vida. Juan reprendió al rey Herodes con tanta fidelidad por sus pecados, que fue encarcelado y al fin muerto a petición de la cruel Herodías. En espíritu, pues, Juan se parecía a Elías.

Vino también en el poder de aquel gran profeta y, como él, tuvo gran éxito. En una ocasión Elías creyó que no había ni un solo profeta piadoso en todo Israel, y se quejó a Dios, diciendo: «Yo solo he quedado»; pero tal poder acompañó sus enseñanzas que, antes de que fuera llevado al cielo, había por todo el país numerosos jóvenes, llamados hijos de los profetas, formándose para el ministerio. Juan el Bautista tuvo también gran éxito, y algunos de sus discípulos fueron contados entre los apóstoles del Cordero.

Pero la parte más deleitosa del mensaje del ángel a Zacarías fue la promesa de que el Salvador vendría pronto. Habló del Salvador como el Señor Dios de Israel, pues dijo: «Y a muchos de los hijos de Israel convertirá al Señor su Dios; e irá delante de él con el espíritu y el poder de Elías».

El Hijo de Dios venía al mundo a derramar su sangre para salvar a los pecadores; y, sin embargo, era necesario que alguien fuera delante de él para volver los corazones de los hombres hacia él. ¡Qué prueba tan grande de la maldad del corazón humano! Está vuelto contra Dios. Satanás, en el huerto del Edén, volvió el corazón de Eva contra su mejor amigo. Ahora todo hombre es enemigo de Dios hasta que se convierte. Dios envía a sus fieles predicadores para volver nuestros corazones hacia él. ¿No han procurado algunos persuadirnos de que nos volvamos al Señor? ¿Han logrado persuadirnos? Es cosa terrible oír sermones y desatender lo que oímos. El tiempo pasa velozmente; Jesús vendrá otra vez con poder y gran gloria. Si, cuando venga, nos encuentra desprevenidos, seremos excluidos de su presencia para siempre.

Fuente y atribución

Autor original: F. L. Mortimer

Título original: The Prophecy concerning John the Baptist

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de F. L. Mortimer, publicado originalmente en Grace Gems.

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