¿Quiénes son estos «insensatos»? Creo que la mejor respuesta a esta pregunta la da nuestro Señor mismo, en la parábola de las vírgenes prudentes y fatuas. Las «fatuas» eran las que tenían aceite en sus lámparas, pero ninguna en sus vasijas. Por «los insensatos» del texto, pues, podemos entender a los que tienen la luz del conocimiento en la cabeza y la lámpara de la profesión en las manos, pero ningún aceite de gracia en el corazón. Son «insensatos», porque no conocen ni a Dios ni a sí mismos, ni el pecado ni la salvación, ni la profundidad de la caída ni la grandeza del remedio. Son «insensatos» respecto a sí mismos, al pensar que la luz y el conocimiento los salvarán sin vida ni gracia; y son «insensatos» respecto a los demás, por falta de un conocimiento experimental del corazón. No saben nada, pues, de las tentaciones de un hijo de Dios; de cómo está cercado por todas partes; de cómo Satanás le acomete o le tienta sin cesar; de cómo su propio corazón le impulsa de continuo al mal; y de cómo se tienden lazos en todas direcciones a sus pies. «Los insensatos» nada saben de estas pruebas; son fariseos, que «limpian lo de fuera del vaso y del plato», que encalan y adornan el sepulcro por fuera, mientras dentro está «lleno de huesos de muertos y de toda inmundidad».
David sabía bien, y todo hijo de Dios sabe bien, que si se le permitiera resbalar, si se le permitiera decir o hacer algo impropio, estos serían los primeros en hacer de ello un oprobio manifiesto. «Los insensatos» no pueden ni quieren hacer concesiones al menor desliz de lengua o de pie, pues ellos mismos ignoran la debilidad de la carne, la sutileza de Satanás, la fuerza del pecado y el poder de la tentación. Si él tropezara y cayera, «los insensatos» le apuntarían con el dedo del escarnio. Al exhalar, pues, esta petición, bien podemos suponerle diciendo: «Señor, cualesquiera que sean las tentaciones que se me llame a soportar, cualesquiera los lazos de Satanás o los deseos de la carne que asalten mi camino detrás y delante, oh guárdame, guárdame, para que no sea el oprobio de los insensatos; para que no tengan nada de qué asirse, para hacer de mí un refrán, y por medio de mí reprender tu nombre, tu causa y tu verdad».
Fuente y atribución
Autor original: J. C. Philpot
Título original: November 21
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. C. Philpot, publicado originalmente en Grace Gems.