Flores de un jardín puritano

Guerra sin tregua contra el pecado favorito

Spurgeon muestra cómo los impíos se reconcilian pronto con sus pecados favoritos, y llama al cristiano a una enemistad perpetua y de principio contra todo pecado, sin paz alguna con la maldad.

«En un arrebato de ira mandamos a un mal criado que se vaya; pero él se demora en la casa, y antes de la mañana siguiente todo está tranquilo y sosegado, y él vuelve a estar en gracia. Así, muchas veces sucede una riña entre un hombre y sus pasiones; pero, al poco tiempo, vuelve a abrazar sus queridas pasiones.»

Los hombres impíos tienen sus riñas con sus pecados favoritos por diversos motivos. Pero estas son como las disputas de los niños entre sí, pronto terminadas, porque nacen de la pasión y no del principio.

Una persona no santa se enemista con el pecado porque le ha dañado la salud o el crédito, o lo ha metido en dificultades con sus vecinos. Pero cuando esos efectos pasajeros han pasado, vuelve a enamorarse de la misma iniquidad. Así hemos visto al borracho aborreciendo su exceso por la mañana, cuando tenía los ojos enrojecidos y la cabeza dolorida; pero antes de que el sol se pusiera, la riña había terminado, ¡y él y Baco estaban revolcándose juntos en el arroyo!

Nuestra enemistad contra el pecado debe fundarse en el conocimiento cabal y la razón sólida, y ser obrada en nosotros por el Espíritu de Dios; y entonces nos llevará a unirnos en solemne liga con el Señor, que tiene guerra contra Amalec por todas las generaciones. No debemos tener paz con el pecado; ¡no, ni con el menor pecado! Nuestro odio al mal debe ser tan eterno como el amor de Dios.

Antiguamente, los israelitas convertidos arrojaban sus ídolos a los topos y a los murciélagos; lejos de su vista con los topos, lejos de la luz con los murciélagos. Así, nuestra detestación debe llevarnos a poner al pecado entre los muertos y los olvidados. Lejos de entrar jamás en amistad con él, debemos considerarlo como una cosa muerta y corrompida, abandonada para siempre al silencio y al gusano. Así como el cielo y el infierno nunca se unirán, así debe ser evidente que un santo y el pecado nunca se pondrán de acuerdo en ningún término.

Señor, te ruego que me mantengas siempre en tremenda seriedad en mi guerra contra el pecado. Prohíbe que yo trivialice en este conflicto, o que me enfríe en él. Que yo quede ligado a una guerra sin fin contra mi propio pecado, ¡y que jamás sea pacificado hasta que Cristo haya aplastado por completo al enemigo! Como tu siervo David, ¡yo aborrecería todo camino falso!

Fuente y atribución

Autor original: Charles Spurgeon

Título original: He and Bacchus were rolling in the gutter together!

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Charles Spurgeon, publicado originalmente en Grace Gems.

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