«Me deleito en hacer tu voluntad, oh Dios mío; tu ley está en medio de mi corazón.» Salmo 40:8
Hacer la voluntad de Dios edifica en nosotros un carácter piadoso. Edifica en nosotros aquello que jamás tendrá que ser derribado. «El que hace la voluntad de Dios permanece para siempre.» Cada acto de obediencia añade un nuevo toque de belleza a nuestra alma. Cada obra verdadera que hacemos en el nombre de Cristo, aunque no deje ninguna huella en ningún otro lugar del universo de Dios, deja una marca imperecedera en nuestra propia vida. Cada acto de bondad o desinterés que realizamos, con amor a Cristo en nuestros corazones, puede que no bendiga a ninguna otra alma en todo el vasto mundo, pero dejará su bendición sobre nosotros. Estamos seguros, por tanto, de recibir una bendición en nuestra propia vida cuando somos obedientes, aunque nadie más se beneficie.
«Y quien dé a uno de estos pequeñitos aunque sea un vaso de agua fría solamente, por ser discípulo, de cierto os digo que no perderá su recompensa.» Mateo 10:42
Fuente y atribución
Autor original: J. R. Miller
Título original: Doing God's will
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. R. Miller, publicado originalmente en Grace Gems.