El Señor nos hará sentir que, aunque su brazo no se ha acortado para no poder salvar, ni su oído se ha agravado para no poder oír, sin embargo, él requiere que se le busque. Es en verdad un Dios que hace maravillas; las imposibilidades aparentes no son nada para él; no tiene más que hablar y queda hecho. Pero nos hará conocer su poder haciéndonos sentir nuestra debilidad. A menudo se mantendrá a gran distancia y por mucho tiempo, a fin de que valoremos su presencia. Nos hará descender muy bajo para levantarnos muy alto. Nos hará gustar la amargura del ajenjo y la hiel del pecado para que conozcamos la dulzura del perdón manifestado. Nos enseñará a abominarnos a nosotros mismos a nuestra propia vista y a aborrecernos por nuestras abominaciones, antes de vernos y saber que somos lavados en su sangre, vestidos de su justicia y puestos delante de él sin mancha ni arruga ni cosa semejante.
El Señor, en cierto sentido, es de fácil acceso sobre su trono de gracia, pero en otro sentido muy difícil de alcanzar. Invita a sus amados a venir y exponer sus necesidades ante él; los alienta con mil promesas; dice en nuestro texto: «¿Hay algo difícil para el Señor?». Pero nos hará dar el debido valor a sus visitaciones; no nos serán dadas muy fácil ni muy frecuentemente, para que no las tengamos en poco. No es simplemente «pedir y recibir» al instante. Hemos de aprender lo que el pecado costó a nuestro amado Redentor; hemos de ver la santidad y majestad de Dios; hemos de aprender que, aunque la misericordia es gratuita y la gracia sobreabunda sobre los abundamientos del pecado, sin embargo, se alcanza tras muchas luchas, muchos clamores, muchos suspiros y gemidos, y muchas peticiones fervientes; que, aunque toda plenitud habita en el Cordero y él nos invita a tomar del agua de vida gratuitamente, está guardada por todas partes por muchas cosas que nos empujarían hacia atrás.
Y así nos enseña a dar el debido valor a su gracia, a las visitaciones de su semblante y a las palabras de sus labios. Le costaron al amado Redentor las más profundas agonías de cuerpo y alma, y sufrimientos que ninguna mente finita puede concebir; y, por tanto, no han de darse sin enseñarnos por qué conducto vinieron, ni lo que costó al bendito Hijo de Dios dar de su plenitud aquellos suministros de gracia con los que enriquece nuestra necesidad.
Fuente y atribución
Autor original: J. C. Philpot
Título original: March 27
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. C. Philpot, publicado originalmente en Grace Gems.