Oraciones privadas de mañana y noche

Herederos de Dios por la fe en Cristo

Una oración matutina que medita en la herencia del vencedor, la suficiencia de Cristo y el llamado a vivir como hijo consagrado del Padre celestial.

"El que venciere heredará todas las cosas, y yo seré su Dios, y él será mi hijo." Apocalipsis 21:7

Y Él les dijo: Cuando oréis, decid —

PADRE MÍO que estás en los cielos, invoco tu bendición sobre la obra del día en el que ahora entro. Que yo busque alimentar un sentido constante y habitual de dependencia de tu favor y de tu amor. A ti están abiertos todos los corazones, a ti son conocidos todos los deseos, y ante ti ningún secreto está oculto. Limpia los pensamientos de mi corazón por la obra de tu Espíritu Santo. Me regocijo en aquel nombre paternal que desarma todo temor y aquieta toda inquietud. Bajo su amparo me acerco ahora al trono de la gracia celestial. Hazme conocer la verdad de la prometida seguridad: "Bueno es Jehová a los que le esperan, al alma que le busca." "Espero a Dios, mi alma lo espera, y en su palabra espero."

Como tuyo por adopción, quisiera mirar de nuevo con el ojo inquebrantable de la fe a la obra y a la muerte de mi divino Redentor. Renunciando a todo mérito de la criatura, soy completo en Él, alentado a sacar de su plenitud infinita, gracia sobre gracia. En Él solo vencyo. En Él solo heredo todas las cosas. En Él solo puedo mirarte a ti como mi Dios del pacto y apropiarme la heredad de tus hijos. Que mi sendero hacia el cielo se ilumine con el sentido de la paz por la sangre de la cruz y con la segura esperanza de la vida eterna en Él. Hazme vivir dignamente como el heredero consagrado de tan gloriosa herencia, la vida de amor y consagración ya comenzada, que ha de perpetuarse y perfeccionarse en el cielo. Guárdame del pecado. Guárdame de todo lo que sea incompatible con el amor y la lealtad que debo a Cristo como mi divino Señor y Maestro. Guárdame humilde y agradecido, sumiso y reverente. Guárdame del dominio de la soberbia o del egoísmo. Que el recuerdo del ejemplo del Maestro me sirva a menudo de reprensión, así como de estímulo para toda gracia cristiana en mí. Como hijo de un Padre lleno de gracia, que yo alcance cada día mayor idoneidad para la casa de ese Padre y para la presencia de ese Padre, donde las tentaciones ya no se sienten ni se temen.

Oré por todo tu pueblo. Bendice a los que laboran, desconocidos y no reconocidos, en los intereses del reino del Redentor, así como a los que son conspicuos en combatir las batallas de la fe. Que todos busquen ocupar el encargo que se les ha asignado, por humilde que sea, con fidelidad, hasta que tú vengas a demandar cuenta de su mayordomía.

Bendice a mis amados amigos, ya estén cerca o lejos. Podemos reunirnos en unión solidaria en el trono de la gracia, y regocijarnos en la seguridad de que el mismo Señor está cerca de todos los que le invocan. Sobrelleva las vicisitudes y los cambios de la vida en nuestros hogares y familias, para tu gloria.

Te encomiendo el amplio círculo de tus hijos afligidos. Que no abriguen pensamientos duros de tus procederes paternales. Que el hogar del luto y la hora de la partida se transformen en la casa de Dios y en la puerta del cielo. Donde la música gozosa de la vida pueda ser acallada por la muerte, que tus hijos miren hacia aquel glorioso más allá, donde no hay nota discordante que interrumpa la armonía sempiterna, y donde la muerte es absorbida en la victoria.

De nuevo me encomiendo a tu grata guarda. Protégeme del peligro, guárdame de la tentación, condúceme por el camino eterno. Que sea mi empeño, día tras día, plantar mi tienda más cerca del cielo y más cerca de ti. Mientras tanto, con confianza implícita y reverencia infantil, consciente de mis muchas bendiciones espirituales en posesión y con la heredad del pacto en perspectiva, resumiría mis peticiones llamándote — "PADRE mío que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan cotidiano. Perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden. Y no nos metas en tentación, mas líbranos del malo."

Fuente y atribución

Autor original: John MacDuff

Título original: Twenty-fourth Morning

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de John MacDuff, publicado originalmente en Grace Gems.

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