Es necesario aceptar la Palabra de Dios tal como la hallamos, y no como la interpreta una iglesia falible ni como la refleja un molde humano. Estudiar la Biblia bajo otra luz que la suya propia es peligroso, y reconocer otro intérprete que su divino Autor es perder el rumbo. Guiados por este principio, consideremos las palabras que orientan nuestra meditación: «Yo honraré a los que me honran». Fueron dichas originalmente a Elí, cuando este prefirió la complacencia pecaminosa de sus hijos al mandamiento y la gloria de Dios. Al retenerlos en el sacerdocio, contaminados por su iniquidad y escandalizados por su sacrilegio, Elí había deshonrado grandemente a Dios. En esa solemne ocasión, el Señor habló: «Yo honraré a los que me honran, y los que me desprecian serán tenidos en poco».
Honro a Dios creyendo plenamente en la divinidad de su Palabra revelada. Al engrandecer su Palabra sobre su Nombre, Dios ha mostrado cuánto se entrelazan su honra y su verdad. Dudar de la verdad bíblica es lanzar el mayor deshonor sobre el mismo Dios. Guarda, alma mía, de rebajar la inspiración, de juguetear con la Biblia o de cavilar contra alguna verdad revelada; más bien teme su divinidad, adora su majestad y sométete sin reservas a su autoridad. Entonces Dios te honrará haciendo su Palabra luz en tu oscuridad, gozo en tu tristeza y fortaleza en tu servicio. Honro también a Dios confiando en Él, pues ninguna gracia glorifica más al Señor que una fe sencilla que reposa en su fidelidad y su poder. Honro a Cristo aceptando de lleno su salvación, sin poner mi culpa fuera del alcance de su sangre y su justicia. Señor, qué honra me has concedido al invitarme a creer y a ser salvo; yo destrono mi propio honor para que el tuyo florezca sobre mi cabeza.
Fuente y atribución
Autor original: Octavius Winslow
Título original: HONORING THE LORD
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Octavius Winslow, publicado originalmente en Grace Gems.