Esta obra pretende ser un volumen complementario de «Mediodía en Sicar». «La historia de la Escalera de Jacob» y «La historia del Pozo de Jacob» pueden unirse apropiadamente por su sagrado interés. La una forma un «Capítulo sobre la Providencia y la Gracia» del Antiguo Testamento tan notable como la otra lo forma del Nuevo Testamento.
—¿Por qué elegir un episodio de la vida de un judío ruin y tramposo? —fue la observación de un amigo al mencionarle que me hallaba escribiendo lo que sigue.
Estaba yo persuadido de que el interlocutor era demasiado justo y discernidor para sostener en serio una valoración tan despectiva del ilustre Patriarca. Pero, aceptando su observación con las matizaciones que bien sabía iban implícitas, le respondí que era precisamente a causa de las faltas y flaquezas de una naturaleza muy compuesta que, ya en las distintas escenas de su historia ya en su conjunto, el carácter de Jacob me parecía un estudio valioso e interesante.
En el caso de tales «Grandes Corazones del tiempo antiguo» como Abraham y Moisés, tenemos elevados ideales de «santidad patriarcal», vidas que contienen pasajes de rara y excepcional excelencia. Si se me permite el símil, se asemejan a cumbres alpinas con su nieve virgen, que se alzan muy por encima de sus semejantes, inaccesibles y desalentadoras por su misma grandeza. En JACOB, por el contrario, tenemos un tipo medio de una humanidad frágil y caída o, siguiendo la figura, una de las eminencias más modestas de un mundo común, una, además, con sus cicatrices y manchas reveladas solo demasiado fielmente a la mirada del espectador. Rastreamos en su historia, a un tiempo semidramática y semitrágica, los tratos de Dios con uno de los productos menos amables de la Naturaleza: un hombre que originalmente tenía comparativamente pocos elementos de valor que lo recomendaran o redimieran; que, de haberse dejado a sí mismo, sin el control de impulsos superiores, podría haberse convertido en un mentiroso empedernido, si no en un náufrago abandonado.
Si, en efecto, buscáramos de la historia del Antiguo Testamento, en la época en que vivió, un retrato más atrayente, no necesitamos ir más allá del hogar de tiendas de Isaac. En la persona de Esaú, aun tomándolo como se le considera a menudo, el hombre representativo del mundo, tenemos cualidades nativas más engageantes. Nuestras simpatías están todas con el cazador audaz y valiente, con su porte noble y sus maneras viriles y su devoción filial, más bien que con el hermano engañoso y equívoco que lo ha despojado de sus derechos patrimoniales y atrajo con ello una venganza muy justa.
Añádase a esto que no hay nada brillante ni heroico en Jacob. Faltan los dotes mentales y las hazañas valerosas que arrojan un halo de interés sobre las vidas de algunos personajes hasta subordinados de la historia bíblica. Aunque podamos admirar una tenacidad de propósito y una determinación inquebrantable que rescatan en gran medida cualidades más viles y menos amables —cierta destreza mundana, energía de voluntad, fecundidad de recursos y, quizá, más que todo, una paciente perseverancia—, él no es ni filósofo, ni bardo, ni guerrero. Su nombre es la clave de su naturaleza íntima, «el astuto», con un ojo perspicaz para los negocios y para sí mismo. Su prosaica vocación y sus maneras quedan patentes en el relato sagrado, cuando se le describe brevemente como «un hombre manso que habitaba en tiendas» (Gén. 25:27).
Fuente y atribución
Autor original: John MacDuff
Título original: Eventide at Bethel — chapter 1
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de John MacDuff, publicado originalmente en Grace Gems.