Necesidades suplidas por Dios

Jesús el refinador que purifica nuestra fe en el fuego

La purificación de la Iglesia está en las manos de Jesús, las mismas manos traspasadas en la cruz, que con paciencia y amor controlan el fuego para limpiar nuestra fe y formarnos a su imagen.

Este es uno de los oficios esenciales de nuestro Señor en su misión mediadora: la obra de refinar y purificar a su Iglesia. La redención implicaba más que la liberación de la culpa y condenación del pecado; aseguraba igualmente nuestra emancipación de la tiranía y el poder del pecado, nuestra santificación tanto como nuestra salvación. No bastaba que Cristo comprara el «campo», el mundo, por amor a la «perla», la Iglesia; habiendo hallado la joya preciosa, es su propósito moldearla en una corona de belleza, llevándola Él mismo hasta que llegue el fin, y entonces su Iglesia redimida será «corona de gloria en la mano del Señor, y diadema de reino en la mano de nuestro Dios».

Es un pensamiento consolador que nuestro refinamiento está en las manos de Jesús, las manos que fueron traspasadas por nosotros en la cruz. ¡Oh alma mía! Tu refinador y purificador es Jesús. Jesús da forma a todas tus pruebas; Jesús envía todas tus aflicciones; Jesús mezcla todos tus dolores; Jesús prepara y calienta el horno que te refina como plata y te purifica como oro. No tiembles, pues, ante el cuchillo que te hiere, ante la llama que te abrasa, ante la nube que te oscurece, ante las olas que se levantan sobre ti: Jesús está en todo ello, y estás tan seguro como si hubieras llegado al clima bienaventurado donde la vid no necesita poda, el mineral no requiere purificación, el cielo jamás se oscurece y sobre cuyas arenas de oro nunca soplan tormentas de adversidad ni rompen olas de dolor.

Y observa la postura del refinador: «Se sentará como refinador y purificador de plata». Sería fatal para su propósito que el fundidor abandonara su puesto mientras la masa líquida se funde y hierve en el horno. Pero allí se sienta con paciencia, vigilando y templando la llama, y quitando la escoria que flota en la superficie del mineral derretido. Así Cristo se sienta como refinador; y con un ojo que nunca duerme, con una paciencia que nunca se cansa, con un amor que nunca se enfría y con una fidelidad que nunca vacila, vigila y controla el proceso que purifica nuestros corazones, pule nuestras gracias, santifica nuestra naturaleza e imprime con más viveza su propia imagen de hermosura en nuestra alma. Si Él te pone en el fuego, te sacará del fuego, «para que la prueba de vuestra fe, mucho más preciosa que el oro que perece, sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo». El creyente no está solo en el fuego: el refinador está con él. El Señor quiere que seamos piedras pulidas; y como algunos creyentes están más oxidados o más aleados que otros, necesitan una lima más áspera y un horno más ardiente. Mira hacia arriba, oh alma mía: tu porción es tu refinador. Estate quieta, humilde, sumisa. El cuchillo está en la mano de un Padre; la llama, bajo el control de un Salvador.

Fuente y atribución

Autor original: Octavius Winslow

Título original: THE LORD MY REFINER

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Octavius Winslow, publicado originalmente en Grace Gems.

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