Detrás de aquel muro Jesús se detuvo en otro tiempo, y aunque así quedaba parcialmente oculto, a los que tenían fe para verlo, aun morando en el crepúsculo del Evangelio, se manifestaba como el verdadero Mesías, el Hijo de Dios, el Salvador de su pueblo. "Abraham se gozó de ver mi día", dice Jesús, "y lo vio, y se gozó". Pero ese muro ya no se mantiene en pie. Las sombras huyeron, la tiniebla se disipó, y la luz verdadera ahora brilla. Guárdate de aquellos maestros que quisieran reconstruir ese muro; y que con sus prácticas supersticiosas y sus representaciones legales del Evangelio lo levantan, en efecto, de nuevo. Recuerda que "Cristo es el fin de la ley para justicia a todo aquel que cree".
Es detrás de "nuestro muro" donde Jesús se detiene, el muro que nosotros, los santos del nuevo pacto, levantamos. Muchas son las influencias separadoras entre Cristo y su pueblo; muchos son los muros que, ¡ay!, dejamos intervenir, detrás de los cuales le hacemos estar. ¿Qué son la infidelidad, casi diría el ateísmo, la carnalidad, la frialdad, los muchos pecados de nuestros corazones, sino otros tantos obstáculos a la manifestación plena y frecuente de Cristo a nuestras almas? Pero si hubiéramos de señalar una obstrucción en particular, mencionaríamos la incredulidad como el gran muro de separación entre Cristo y su pueblo. Este fue el muro que oscureció ante los ojos de Tomás a su Señor resucitado. Y mientras la pequeña Iglesia jubilaba en la nueva vida y gozo que su Salvador vivo les infundía, él solo permanecía en la duda y la tristeza, entre las sombras del sepulcro: "Si no meto mi mano en su costado, no creeré". Nada nos separa tan eficazmente de Cristo, o más bien oscurece nuestra visión de él, como el pecado de la incredulidad.
Y, sin embargo, ¿permanece él detrás de él? ¿No lo obliga a partir y a dejarnos para siempre? ¡Ah, no! Él está allí. ¡Oh, gracia admirable, amor sin igual, paciencia infinita! Cansado de esperar, ¡y todavía allí! Dudado, desconfiado, contristado, y con todo, allí de pie, con los cabellos mojados por el rocío de la noche, esperando para ser gracia, anhelando manifestarse. Nada ha logrado obligarlo a retirarse. Cuando nuestra frialdad pudo haber prevalecido, cuando nuestra carnalidad pudo haber prevalecido, cuando nuestro descuido, ingratitud y desvíos pudieron haber prevalecido, jamás se ha retirado del todo ni para siempre. Su puesto es velar con un ojo de amor que no duerme sobre el precio de sus agonías moratorias, y guardar su viña. Allí está el "Amigo que se apega más que un hermano", esperando derramar sobre el alma una mirada de su ojo encendido en amor y manifestarse a ella como no al mundo, aun desde detrás de nuestro muro.
Fuente y atribución
Autor original: Octavius Winslow
Título original: Evening Thoughts - May 1
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Octavius Winslow, publicado originalmente en Grace Gems.