Fue un acto de mucha ternura. Consideremos de cerca este cuadro: Jesús conduce por la calle a un pobre ciego. ¿Qué pensamientos despierta en nuestra mente?
El ciego representa a cada uno de nosotros en nuestro estado pecador, en medio de un mundo de hermosura, pero sin ver nada; palpando en las tinieblas, incapaz de hallar el camino por sí solo; condenado a perecer para siempre en la oscuridad, a menos que alguien nos tome de la mano y nos guíe.
Así como Jesús vino a este hombre en su ceguera, así viene a cada uno de los suyos, tomándonos de la mano para ser nuestra guía y conducirnos, a través de la penumbra y de los peligros, hasta el hogar de la gloria eterna. Nunca tropezaremos en las tinieblas si Él nos guía.
El ciego que se confía para ser guiado por este desconocido, sin temor ni dudas, y que tranquilo y confiado va con Él, es un cuadro de lo que la verdadera fe en Cristo hace siempre. Es de esta manera como debemos entregarnos a Cristo. No basta echar sobre Él nuestros pecados; debemos confiar toda nuestra vida a su sabia y amorosa dirección. Nunca podremos hallar el camino por nosotros mismos en las sendas intrincadas de este mundo, pero podemos confiarnos, con confianza sin reservas, a la conducción de Cristo.
Fuente y atribución
Autor original: J. R. Miller
Título original: Divine Guidance
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. R. Miller, publicado originalmente en Grace Gems.