"Llamarás su nombre Jesús, porque Él salvará a su pueblo de sus pecados." Mateo 1:21
¡Jesús! ¡Precioso nombre, cuán dulce es! ¡Cuán bien le cuadra a quien lo lleva, y cuán gloriosa es la salvación que Él realiza!
La miseria es la consecuencia natural del pecado. Todo lo que Dios ordena es bueno, y todo lo que Él prohíbe es malo. Jesús salva a su pueblo de sus pecados, y así los salva de la miseria. Él murió para expiar las transgresiones, y vive siempre para salvar a su pueblo del poder y de la práctica del pecado; sí, y finalmente de la misma presencia del pecado.
Alma mía, pon toda tu confianza en Jesús, no sólo para la liberación de la culpa y de sus consecuencias, sino del pecado en sus múltiples manifestaciones. Eres impotente contra tus corrupciones interiores, pero Jesús es "poderoso para salvar". Él puede someter tus iniquidades. Confía entonces en Él, ¡para la gracia santificadora tanto como para la misericordia perdonadora!
Piensa mucho en todo lo que Él hizo y sufrió por ti, y en su agonía en el huerto de Getsemaní y en la cruz del Calvario, contempla algo de la extraordinaria pecaminosidad de tus pecados, de los cuales Él murió para salvarte.
"Él volverá a tener compasión de nosotros; hollará nuestras iniquidades, y echarás en lo profundo del mar todos nuestros pecados." Miqueas 7:19
"La sangre de Jesús, derramada por los pecadores, muestra mi pecado en toda su culpa. ¡Ah, alma mía, Él llevó tu carga; tú has dado muerte al Cordero de Dios!
¡Adiós, mundo! Tu oro es escoria; ¡ahora veo la cruz que sangra! ¡Jesús murió para librarme de la ley, del pecado y de ti!"
Fuente y atribución
Autor original: Autor desconocido
Título original: sanctifying grace as well as pardoning mercy!
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Autor desconocido, publicado originalmente en Grace Gems.