Nuestro Salvador preparó plenamente a sus discípulos para el trato que recibirían del mundo. Comparó a los impíos con lobos, y a sus apóstoles con ovejas. Describió la manera en que esos lobos tratarían a sus ovejas: en pensamiento, palabra y obra. Los pensamientos de los impíos hacia los apóstoles serían pensamientos de odio. Jesús dijo: «Seréis aborrecidos de todos» (v. 22). El mundo siempre ha odiado a los hijos de Dios. No hay nada más doloroso para nuestros sentimientos que la mala voluntad de nuestros semejantes. Ninguna abundancia de posesiones puede compensar el odio; mientras que el amor puede consolar en medio de las pruebas. Jesús, pues, advirtió a sus discípulos que no se dejaran apartar de él por el odio del mundo, diciendo: «El que persevere hasta el fin (a pesar de estas pruebas) será salvo».
El odio que los hombres sintieran en sus corazones los llevaría a proferir palabras odiosas contra los discípulos de Jesús. Habían llamado al Señor Jesús mismo Beelzebú. ¿Debían sus discípulos esperar mejor trato? ¿No era suficiente que el siervo no fuera tratado peor que su Señor? Los cristianos siempre han sido calumniados; se les ha acusado de hipocresía, así como de crímenes secretos. Jesús consuela a sus discípulos en medio de las acusaciones con esta garantía del versículo 26: «No hay nada cubierto que no haya de ser revelado; ni oculto, que no haya de ser conocido». ¿No consolaría a los falsamente acusados saber que llega el día en que la verdad será dada a conocer? Tal consuelo poseen todos los cristianos cuando son calumniados por sus enemigos.
Los hombres no solo hablarían contra los discípulos, sino que cometerían actos crueles contra ellos. Los encarcelarían y los azotarían, y aun los harían matar. Sí, los padres se volverían contra sus propios hijos y los perseguirían de la manera más antinatural. Todas estas pruebas no sobrevinieron a los discípulos durante su primer viaje; pero como Jesús sabía que llegarían después de su ascensión, les indicó cómo debían comportarse bajo ellas. Debían hacer todo para evitar la persecución, excepto ocultar la verdad. En su carácter debían parecerse a las serpientes y a las palomas: serpientes en cautela y prudencia, palomas en mansedumbre e inofensividad; no debían ser maliciosos como serpientes, ni simples como palomas, sino prudentes como serpientes e inocentes como palomas. Sin embargo, a pesar de todos sus esfuerzos, serían perseguidos por predicar el evangelio.
Una gran ventaja surgiría de ser llevados ante reyes y jueces: tendrían la oportunidad de declarar la verdad a aquellas altas personalidades, como Pablo lo hizo ante Félix, que temblaba en su tribunal. Jesús mandó a sus discípulos no preocuparse por lo que habrían de hablar cuando fueran examinados por sus jueces. Aunque no podían prever qué preguntas desconcertantes se les harían, no debían turbarse con el temor de no saber responder bien, porque Dios los asistiría con su Espíritu.
Pedro y Juan fueron los primeros entre los apóstoles que fueron llevados ante gobernantes por causa de su Maestro. Está escrito que, cuando Pedro fue llamado a defender su conducta tras sanar al cojo, «fue lleno del Espíritu Santo». Habló con tal poder que sus jueces no pudieron responder. «Al ver la intrepidez de Pedro y Juan, y dándose cuenta de que eran hombres sin letras y del vulgo, se maravillaban» (Hech. 4:13). En tiempos posteriores, muchos hombres pobres y sin educación han sido interrogados por jueces instruidos y han sabido dar respuestas que han dejado confundidos a sus enemigos. En el Libro de los Mártires de Foxe hay relatos de muchos de estos hombres que sufrieron la muerte en este país, porque no querían adorar a la Virgen María y a los santos, ni profesar creer los errores romanistas. Y se ha observado que algunos de los mártires de menor instrucción hablaron con mayor poder, porque se apoyaban con mayor sencillez en la ayuda de Dios y solo apelaban a su Palabra.
Aunque nunca seamos llamados a comparecer ante un tribunal terrenal, debemos estar dispuestos a confesar nuestra fe siempre que se presente la oportunidad. Está escrito en la primera epístola de Pedro: «Estad siempre preparados para responder con mansedumbre y reverencia a todo el que os pregunte razón de la esperanza que hay en vosotros». Podemos confiar en que Dios nos enseñe en tales ocasiones cómo responder. Elevemos nuestro corazón a él antes de hablar, y nuestra respuesta puede convertirse en el medio de convertir al incrédulo que indaga.
Fuente y atribución
Autor original: F. L. Mortimer
Título original: He prepares them for persecution
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de F. L. Mortimer, publicado originalmente en Grace Gems.