¡Cuán íntima y tiernamente está unido Jesús a su iglesia! Tomad como ilustración el tema de la presente meditación. No hay cámara de postración enfermiza ni lecho de sufrimiento languideciente en que no pueda experimentarse su presencia con toda la potencia divina y la simpatía humana de su naturaleza. El lector atento de su vida queda profundamente impresionado por la frecuencia con que se registra su contacto personal con la enfermedad y la dolencia, y por la prontitud y habilidad con que se dedicaba a aliviar y sanar. Y todavía su poder y su habilidad son los mismos y siguen siendo necesarios.
Él llevó nuestras enfermedades cuando llevó nuestros pecados. El pecado es la fuente prolífica de todo mal y, de modo particular, de toda enfermedad. Esta reflexión amarga intensifica los sufrimientos del hijo de Dios. ¡Pero cuán consolador es el pensamiento de que, si podemos rastrear toda enfermedad hasta el pecado como su causa original, podemos también rastrear todo pecado hasta la cruz de Cristo, donde él lo expió, abriendo con su propia sangre un torrente que lo lavó todo! Alivia, alma mía, este pensamiento: en todo tu sufrimiento corporal no hay condenación, pues la sangre expiatoria de Jesús te ha lavado más blanco que la nieve.
Y, si el pecado es causa originaria de la enfermedad, el consuelo para el creyente es que Cristo la llevó y la llevó sobre sí. Ningún médico puede llevar a tu lecho de enfermo una medicina tan sanadora como esta verdad: que el Padre no te deja solo en la noche del dolor, y que su Hijo camina contigo en ella. Jesús lleva nuestras enfermedades con la gracia y la simpatía con que nos capacita para soportarlas sin quejas y con sumisión. ¡Oh, qué santuario tan sagrado es muchas veces el cuarto del enfermo de un hijo de Dios! Allí se siente la divina presencia, allí se manifiesta el Salvador, allí se aprenden santas lecciones. No te apresures a juzgar el estado de tu alma en la enfermedad; es lo que Cristo es, y no lo que tú eres, lo que debe llenarte de paz, gozo y esperanza. Ánimo, alma mía: esta larga y dolorosa enfermedad no es para muerte, sino para la gloria de Dios; y, cuando te haya probado, saldrás de este fuego más santo y más semejante a Cristo.
Fuente y atribución
Autor original: Octavius Winslow
Título original: Consider Jesus– in Sickness
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Octavius Winslow, publicado originalmente en Grace Gems.