Vemos por las palabras «purificando sus corazones por la fe» y por el discurso de San Pedro, que la justificación por la fe y la santificación por el Espíritu Santo no pueden separarse, y que ambas son don de Dios. Tenemos grandes motivos para bendecir a Dios por haber oído el evangelio. Que tengamos esa fe que el gran Escudriñador de los corazones aprueba y atestigua con el sello del Espíritu Santo. Entonces nuestros corazones y conciencias serán purificados de la culpa del pecado, y seremos librados de las cargas que algunos pretenden imponer sobre los discípulos de Cristo. Pablo y Bernabé mostraron con hechos claros que Dios respaldaba la predicación del evangelio puro a los gentiles sin la ley de Moisés; por tanto, insistir en esa ley sobre ellos era deshacer lo que Dios había hecho. La opinión de Santiago fue que no se debía molestar a los convertidos gentiles con los ritos judíos, sino que debían abstenerse de las carnes ofrecidas a los ídolos, para mostrar así su aborrecimiento de la idolatría. También que se les debía advertir contra la fornicación, la cual no era aborrecida por los gentiles como debería serlo, y aun formaba parte de algunos de sus ritos. Se les aconsejó abstenerse de cosas estranguladas y de comer sangre; esto estaba prohibido por la ley de Moisés, y también aquí, por reverencia a la sangre de los sacrificios, que siendo aún ofrecidos entonces, afligiría sin necesidad a los convertidos judíos y perjudicaría aún más a los judíos no convertidos. Pero como la razón ha cesado hace tiempo, quedamos libres en esto, como en asuntos semejantes. Advirtamos a los convertidos que eviten toda apariencia de los males que antes practicaron o en los que probablemente sean tentados; y cautélesenos a usar la libertad cristiana con moderación y prudencia.
La carta del Concilio (
Fuente y atribución
Autor original: Religious Tract Society
Título original: Devotional and Practical Commentary — Acts 15:7-21
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Religious Tract Society, publicado originalmente en Grace Gems.