En verdad, a veces me asombra el gozo de los pecadores, mientras que quienes tienen mayores motivos para exultar se muestran más bien tristes. Sí, me maravilla que, considerándolo bien, el gozo del alma no haga estallar mi frágil cuerpo mortal. Aunque jamás debiera pensar demasiado de mí mismo, tampoco debiera pensar de manera mezquina o baja de las manifestaciones del amor y el favor de Dios. ¿Qué pensaré, pues, de esta quietud de mente, de esta paz de Dios que sobrepasa todo entendimiento, derramándose en mi alma y dándome vida de príncipe, cuando uno estaría dispuesto a concluir que vivo como un prisionero? ¿Qué de este morar bajo la sonrisa del cielo? ¿De este gozo que tengo al creer, de estas miradas transformadoras de gloria, que prometen dulcemente la fruición venidera y me hacen anhelar el día de la comunión perfecta con Dios? ¿Qué de mi porción diaria en la mesa del Rey, sí, de que a veces se me permita comer en la mesa del Rey del maná escondido y del pan de vida, y contemplar su gloria con el ojo de la fe?
Ciertamente, entonces, debiera yo cantar y regocijarme; pues así como la tristeza del mundo obra muerte, así el gozo espiritual tiende a la vida. Dios recuerda tanto el lugar como el tiempo en que derrama su amor sobre su pueblo. De ahí: «Yo me acuerdo de ti, la bondad de tu juventud, el amor de tu desposorio.» ¿Me atreveré, pues, a menospreciar el día de las cosas pequeñas, o a olvidar lo que Dios se digna recordar? Y si miro un poco más allá, hacia el fin de mi vida, que quizá está más cerca de lo que imagino, ¡qué torrente de gloria aguarda para colmar mi alma ensanchada, cuando el pecado y la imperfección sean despojados y revestida la perfección! ¿No debiera un cambio tan feliz, asegurado por la fidelidad de aquel que no puede mentir, sino que reposa en su amor, causar un gozo continuo en mi alma?
A diario veo pecadores cuya vida es un solo cuadro de júbilo, una ronda continua de alegría, y sin embargo no saben por qué están tan contentos. ¿Y por qué habría yo de estar triste, teniendo los motivos más verdaderos para el gozo más puro? Tampoco debieran inquietarme las aflicciones exteriores del tiempo, más de lo que un rey que cabalga en su carruaje de estado, rodeado de sus guardias, se inquieta porque el polvo vuele a su alrededor, o caiga sobre él una llovizna suave, al estar protegido de ambos. Así estoy yo seguro en la promesa; sí, cabalgo en el carro de mi Amado con mayor seguridad y porte más majestuoso del que los reyes de este mundo pudieron jamás vanagloriarse.
Apresura tu vuelo, oh tiempo, para que yo vea a aquel a quien amo, por quien anhelo, en quien he fijado mi afecto y con quien mi alma habita por la fe. Ahora me regocijaré en ti con un gozo superior al de quienes reparten el botín; y esperaré el día en que se me permita llevar al trono de tu gloria el tributo de alabanza por todas tus misericordias para conmigo, y entre ellas, por este gozo verdadero y sustancial.
Fuente y atribución
Autor original: James Meikle
Título original: True Joy
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de James Meikle, publicado originalmente en Grace Gems.