La Hora de Silencio

La belleza de la unidad fraternal

El amor fraternal une lo que parece distante, como el óleo de consagración y el rocío que desciende sobre los montes de la misma Tierra Santa.

Mira lo que pueden hacer la bondad fraternal y el amor. Unen cosas que parecen hallarse muy distantes entre sí.

Son como el SANTO ÓLEO DE UNCIÓN — el óleo sacerdotal de consagración y devoción. Sobre la cabeza de Aarón fue derramado, y corría hasta el último fleco azul de sus vestiduras. Aquella cabeza augusta, profunda y venerable, y esta lejana túnica azul que besa el suelo mismo — ambas quedan hechas una sola por el óleo que las santifica a ambas.

Del mismo modo, el amor une al príncipe en saber, en poder y en santidad con el más débil miembro del cuerpo de Cristo. Más aún, une a Cristo mismo, el misericordioso y fiel Sumo Sacerdote, ante quien Aarón es solo como la luna ante el sol — lo une con vínculos benditos jamás rotos al más pequeño de sus pequeñitos.

O son como el ROCÍO. Cae sobre el grande y nevado Hermón, muy al norte de Palestina; cae también sobre las humildes laderas y cimas de Sion, en el lejano sur; es una bendición que ambos disfrutan juntos y que los hace parientes cercanos — los hace a ambos montes de la misma Tierra Santa.

Señor, bautízame con los rocíos refrescantes del amor. Entonces, si por tu gracia me alzo alto en el Reino, pensaré aún bien y con ternura de mis hermanos más humildes. Y, si soy pequeño y humilde, me deleitaré en recordar que otros escalan a alturas más nobles que las mías; en mis sombras sabré que está cerca el día en que contemple sus frentes radiantes iluminadas por el sol naciente.

El amor abarca todos los abismos y las distancias.

Fuente y atribución

Autor original: Alexander Smellie

Título original: The Hour of Silence — Psalm 133:1-3

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Alexander Smellie, publicado originalmente en Grace Gems.

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