«Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser. Sabemos que cuando Él se manifieste, seremos semejantes a Él, porque le veremos tal como Él es» 1 Juan 3:2
Las cumbres más altas que podemos alcanzar aquí, en este mundo presente, son sólo fragmentos rotos de la plena belleza divina. En el mejor de los casos, sólo podemos ser transfigurados de manera tenue; sólo débilmente aparece en nosotros la belleza del Señor.
El último diseño que hizo el gran pintor Alberto Durero fue un dibujo que mostraba a Cristo en su cruz. Ya estaba todo terminado, excepto el rostro del diveno Sufriente, cuando el artista fue llamado para partir por la muerte.
Así también, al final de la vida más larga y más santa, apenas tendremos una parte del retrato de Cristo grabado en nuestra alma. Nuestro mejor esfuerzo sólo habrá alcanzado un fragmento de la belleza sin igual. La gloria de aquel rostro bendito no podemos reproducirla. Pero cuando partamos de nuestro pequeño fragmento de transfiguración en la tierra, un momento después contemplaremos los rasgos divinos y, viendo a Jesús tal como Él es, seremos semejantes a Él.
«No que ya lo haya alcanzado o que ya sea perfecto, sino que me esfuerzo por asir aquello para lo cual también fui asido por Cristo Jesús. Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado, pero una cosa hago: olvidando lo que queda atrás y extendiéndome a lo que está delante, me esfuerzo hacia la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús» Filipenses 3:12-14
Fuente y atribución
Autor original: J. R. Miller
Título original: DIVINE BEAUTY
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. R. Miller, publicado originalmente en Grace Gems.