Considera a Jesús

La bendita esperanza del regreso glorioso de Cristo

En todas las edades la Iglesia ha esperado al Salvador que viene. Cristo apareció para salvarnos, intercede hoy por nosotros y volverá para glorificarnos en su gloriosa manifestación.

Un Salvador «que ha de venir» ha sido la esperanza de la Iglesia de Dios en toda época y dispensación. Los santos del Antiguo Testamento esperaban su venida para salvar; los santos del Nuevo Testamento esperan su venida para reinar, «la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo». Las Escrituras mencionan, en verdad, tres apariciones personales de nuestro Señor. La primera, cuando «se manifestó para quitar el pecado mediante el sacrificio de sí mismo». La segunda, «ahora se manifestará en la presencia de Dios para siempre». La tercera, cuando «aparecerá por segunda vez, sin pecado (es decir, sin sacrificio de expiación por el pecado), para salvación». En cada una de estas apariciones, alma mía, tienes un interés personal y precioso: su aparición pasada fue para salvarte, su aparición presente es para interceder por ti, y su aparición futura será para glorificarte.

Así Jesús es el «Alfa y la Omega» de tu salvación, desde el primer latido de amor hacia ti, si es que podemos hablar del comienzo de lo que en realidad no tuvo principio, hasta el último latido de amor por ti, si es que podemos hablar del fin de lo que en realidad no tiene fin. Cristo lo es todo y en todos para ti, el Primero y el Último, y como solía expresar el buen Romaine, «y todo lo que hay entre ambos». Consideremos, pues, a Jesús a la luz de la bendita esperanza, su gloriosa aparición, un tema digno de cerrar nuestra meditación diaria sobre Él.

Será una aparición personal. Así como subió al cielo, así volverá en persona: «Este mismo Jesús, que ha sido tomado de vosotros al cielo, así vendrá como le habéis visto ir al cielo». No vendrá por su Espíritu ni por sus ángeles, reuniendo a sus santos por medio de otros, sino que Él mismo vendrá por ellos. Será una aparición visible: «He aquí que viene con las nubes, y todo ojo le verá». ¡Oh, el pensamiento de contemplar su persona, de verlo revestido de majestad divina y, sin embargo, tan humano, tan semejante a sus hermanos! Vendrá con todos sus santos: los que duermen en Él resucitarán, y los que vivan en su venida serán transformados. Ya vivamos o ya muramos en el Señor, todos nos reuniremos en torno a la persona descendente de Jesús, y de cada labio brotará un mismo cántico: «Digno es el Cordero, porque fue inmolado por nosotros».

Este tema es eminentemente práctico. Hace a Jesús más precioso. ¡Con qué más rapidez late el pulso y con qué más calor palpita el corazón la novia espera el pronto regreso de su amado ausente! Bendito Jesús, tú eres el Esposo de tu Iglesia y el Amado de mi alma, y el pensamiento de verte pronto y para siempre hace que mi alma se eleve como alas desplegadas, dispuesta a volar. Alma mía, no dejes que la venida del Señor te sorprenda en estado de incredulidad, sin convertir y sin preparación. Solo quienes han nacido de nuevo del Espíritu, lavados en su sangre y vestidos de su justicia pueden encontrarlo con gozo. ¿Es esta tu segura condición? Entonces, ¡dichosa eres tú!

Fuente y atribución

Autor original: Octavius Winslow

Título original: Consider Jesus– in His Second Appearing

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Octavius Winslow, publicado originalmente en Grace Gems.

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