Al correr la carrera que tenemos por delante, no nos basta con hacer un buen comienzo; si no perseveramos a pesar de todo obstáculo, todo será en vano. ¿Quiénes son los que serán salvos? Solo aquellos que perseveran hasta el fin. ¿Quiénes recibirán la corona de vida? Solo aquellos que son fieles hasta la muerte. ¿Quiénes alcanzarán la prize del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús? Solo aquellos que siguen adelante hacia la meta, olvidando las cosas que quedan atrás y extendiéndose, con ardor inextinguible, hacia las cosas que están por delante.
Por desgracia, no es raro que la gente corra bien por un tiempo y luego vuelva a los miserables elementos de este mundo. De estos hubo antaño, y de estos hay aún hoy. «Desde entonces muchos de sus discípulos se volvieron atrás, y ya no andaban con él.» «Todos los que están en Asia», dice el apóstol, «me han abandonado.» Parece que en cierta época tenía una alta opinión de Demas, pues al final de su epístola a los colosenses lo cuenta entre los santos; y encontramos a Demas enviando sus saludos a los hermanos distantes en el Señor. Pero antes de mucho, Pablo tuvo ocasión de cambiar su tono, y con profunda emoción dice: «Demas me ha desamparado, por amar este mundo presente.»
La resolución de Pedro era, en sí misma, admirable: «Aunque todos te abandonen, yo jamás lo haré.» Lector, toma la misma resolución, pero no con el mismo espíritu. Sea tu firme determinación, apoyándote en aquel que da poder al cansado y multiplica las fuerzas al que no tiene vigor, el aferrarte a Cristo con pleno propósito de corazón. Todo estímulo tenemos para hacerlo. Esa gracia, que es toda suficiente, nos es prometida; y teniendo el corazón afirmado en ella, nada has de temer. Mirando a Jesús, confiando en él y fortalecido por él, ¡alcanzarás la meta a salvo!
¿Dónde está ahora aquella gran nube de testigos? ¿Dónde están los patriarcas, los profetas y los apóstoles? ¿Dónde están aquellos espíritus heroicos «que por la fe sometieron reinos, obraron justicia, alcanzaron promesas, apagaron la violencia del fuego, escaparon del filo de la espada, se hicieron fuertes en la batalla y pusieron en fuga a los ejércitos extranjeros»? ¿Dónde están aquellos mártires fieles, «que sufrieron burlas y azotes, y aún más, prisiones y cárceles; fueron apedreados, aserrados, tentados, muertos a filo de espada; anduvieron de acá para allá cubiertos con pieles de ovejas y de cabras, necesitados, afligidos, maltratados»? ¿Dónde están ahora? Están ante el trono, con coronas sobre sus cabezas y palmas en sus manos, atribuyendo la salvación a Dios y al Cordero. ¡Oh, piensa en aquella compañía bendita! Que el pensamiento de que fueron sostenidos por Dios en medio de todas sus luchas, y de que su fe y paciencia culminaron en tan gran recompensa, te infunda tanto ánimo como estímulo para retener firme el principio de tu confianza, constante hasta el fin.
Fuente y atribución
Autor original: John MacDuff
Título original: The Heavenly Race
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de John MacDuff, publicado originalmente en Grace Gems.