El engaño del corazón

La ceguera de nuestro propio carácter

David Black expone cómo el engaño del corazón produce una profunda ignorancia de nuestro verdadero carácter, ilustrándolo con el caso de David y el profeta Natán.

I. La evidencia del engaño del corazón se manifiesta en la ignorancia general de los hombres acerca de su propio carácter.

No hay nada en la historia de la humanidad más sorprendente, o a primera vista más inexplicable, que la autoparcialidad que prevalece en el mundo. Uno estaría propenso a imaginar que no debería ser tan difícil llegar al conocimiento de nuestro verdadero carácter, poseyendo, como poseemos, todas las ventajas posibles para alcanzarlo. Tenemos acceso constante a nuestro propio interior, y estamos más profundamente interesados en el descubrimiento que en la adquisición de cualquier otro conocimiento. Pero vemos, de hecho, que de todo conocimiento este es el más raro y el más poco común. Tampoco es difícil dar cuenta de este hecho, puesto que el corazón es engañoso más que todas las cosas. El amor propio echa un velo sobre el entendimiento, el juicio se tuerce por diversas circunstancias, y de aquí proviene que muchos parezcan ser casi completos extraños a su propio carácter. Piensan, razonan y juzgan de modo muy distinto en cualquier cosa que se refiera a ellos mismos, de lo que hacen en aquellos casos en los que no tienen interés personal. En consecuencia, a menudo oímos a personas exponiendo locuras en otros, por las que ellas mismas son notorias; y hablando con gran severidad contra vicios particulares en otros, de los que, si todo el mundo no se equivoca, ellos mismos son notoriamente culpables. ¡Es asombroso hasta qué punto puede llegar esta autoignorancia y autoparcialidad! Con qué frecuencia vemos hombres no solo completamente ciegos ante su propio carácter, sino insensibles a todo lo que pueda decirse para convencerlos de su error. En vano les ofreces instrucción o reprensión, pues apartan todo de sí mismos, y nunca se imaginan una sola vez que son las personas para cuyo beneficio estos consejos y amonestaciones están principalmente dirigidos.

De esto somos cada día proveídos de ejemplos frecuentes en la vida común. La historia sagrada nos ofrece un ejemplo notable en el caso de David en una ocasión particular: digo en una ocasión particular, porque la descripción que hemos dado de ningún modo se aplica al carácter general de David. Pocos eran, en general, más acostumbrados a la autoexamen. Pero cuando Natán el profeta fue enviado a él, a consecuencia de su grave caída en el asunto de Urías, tal era la insensibilidad y la autoignorancia que el pecado había producido, que no percibió la aplicación de la parábola a sí mismo, hasta que el profeta declaró: «¡Tú eres aquel hombre!»

De esto y de casos semejantes, somos llevados a observar que, si rastreamos esta autoignorancia hasta su origen, hallaremos que se debe en general, no solo a aquella parcialidad y cariño que todos tenemos por nosotros mismos, sino a la prevalencia de alguna pasión o interés particular, que pervierte el juicio en cada caso en que esa pasión o interés particular está en juego. Y de aquí sucede que algunos hombres pueden razonar y juzgar con bastante justicia incluso en casos en los que ellos mismos están interesados, siempre que no choque contra su pasión o afición favorita. Así, el avaro percibe fácilmente el mal de la intemperancia, y tal vez se condena a sí mismo si ha sido culpable de este pecado en un caso particular. Pero es totalmente insensible al dominio de su pasión predominante, el amor al dinero. Se ha vuelto habitual para él. Su mente está acostumbrada a ella, de modo que en cada caso en que su interés está en juego, su juicio se tuerce, y en estos casos descubre claramente que es totalmente desconocedor de su propio carácter. La misma observación se aplica a otros vicios particulares.

Aquí, pues, hay una evidencia llamativa del engaño del corazón. Produce ignorancia de nosotros mismos; mantiene a los hombres como extraños a su propio carácter; y los hace presumir fatalmente que están en amistad con Dios, mientras son enemigos de él en sus mentes y por obras malvadas.

II. El engaño del corazón se manifiesta en la disposición general de los hombres, en todas las ocasiones, a justificar su propia conducta.

Fuente y atribución

Autor original: David Black

Título original: The Deceitfulness of the Heart — parte 2

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de David Black, publicado originalmente en Grace Gems.

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