Más santos que Lutero han sentido un interés personal en el Salmo cuarenta y seis: «Dios es nuestro refugio y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones», bebiendo así con él del río cuyas corrientes alegran la ciudad de Dios. Alma mía, ¿no eres tú uno de ellos? ¿No ha sido muchas veces tu exclamación de alabanza: «Cercano estás tú, oh Jehová»? Dios está en todas partes, pero solo sus propios hijos sienten con fuerza, reconocen con gratitud y exhiben con santidad, no ya solo su omnisciencia, sino su presencia especial y personal. Considera esta preciosa verdad, alma mía, en relación con dos o tres rasgos de tu variada experiencia.
Él es un Dios cercano en la persona de Cristo. El Señor Jesús acerca a Dios muchísimo a nosotros. No es solo el Revelador de Dios, sino que en su propia persona es real y absolutamente Dios: «El que me ha visto, ha visto al Padre». ¿Podría una simple criatura, un hombre tan solo, decir esto? Imposible con verdad, y sin blasfemia. ¡Oh, cuán cerca nos ha traído Jesús al Padre! Ven a Jesús, mira a Jesús, escucha a Jesús, y reconoce que al hacerlo te acercas a, contemplas y oyes la voz de Dios tu Padre que está en los cielos. Dios está cerca en la obra de Jesús. La sangre nos acerca a Dios, pecadores, como acerca a un Dios que perdona el pecado. «Vosotros que estabais lejos habéis sido hechos cercanos por la sangre de Cristo». Considera, pues, tu verdadera y presente posición, alma mía: nada se interpone entre tú y Dios sino la sangre expiatoria de Jesús. Su sangre aniquila todo tu pecado y tu culpa. Vestido con su justicia imputada, estás para Dios más cerca que el ángel más encumbrado del cielo, y más cerca no puedes estar; y Dios se acerca a ti y habla: «Un Dios cercano, dice Jehová».
Dios está cercano cuando te acercas a él en oración. ¡Oh, verdad consoladora! Un Dios cercano para escuchar el más suave suspiro de oración, para escuchar toda confesión de pecado, todo clamor de necesidad, toda expresión de dolor, todo lamento de angustia, toda súplica de consejo, fuerza y sostén. Levántate, alma mía, y entrégate a la oración, porque Dios está cercano para oírte y responderte. Un Dios cercano es Él en todo tiempo de angustia: un pronto auxilio. No has de viajar lejos para hallar la dirección y el libramiento que necesitas. ¿Por qué huir a la ayuda de la criatura, cuando el Señor tu Dios está cercano a ti en todo cuanto le pides? Cesa del hombre, porque Dios en Cristo está muy cerca, y un paso de oración creyente te llevará a sus pies.
Vive, pues, como en su presencia. Sea tu vida una vida de comunión, obrando y soportando, trabajando y sufriendo, como quien ve al Invisible. Dentro de poco pasaremos de nuestras realizaciones parciales e imperfectas de su presencia en la tierra, al goce de su presencia plena, sin nubes y eterna en el cielo. Entonces nuestros ojos verán al Rey en su hermosura plena y sin velo, no como ahora, por espejo y oscuramente, sino entonces cara a cara. Y, ¡oh pensamiento transportador!, seremos semejantes a Él, porque le veremos tal como Él es. Guarda con vigilancia y procura con oración contra aquello que crea una distancia consciente entre Dios y tu alma. ¿Es el mundo? Sal de él. ¿Es la criatura? Renuncia a ella. ¿Es la carne? Mortifícala. ¿Es el pecado? Abandónalo. ¿Es la incredulidad? Clávala en la cruz. No permitas que nada te separe de Cristo. Da a Jesús tu corazón indiviso, y que Dios sea tu todo en todo. Entonces será tu feliz experiencia: «Cercano estás tú, oh Jehová».
Fuente y atribución
Autor original: Octavius Winslow
Título original: THE NEARNESS OF GOD
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Octavius Winslow, publicado originalmente en Grace Gems.