Pensamientos vespertinos

La compasión de Cristo con los caídos

Cristo no se apartó de la miseria real. Su humanidad se identificó con nuestra caída y tomó nuestras impurezas, dolores y pecados, mostrando una compasión que toca cada fibra del corazón humano.

¡Qué objeto tan propio para la simpatía y el poder del Salvador! ¿Crees, lector, que su espíritu puro y tierno se apartó de él? ¿Habría sentido terror o contaminación ante la cercanía de un ser culpable y miserable? ¡Ah, no! Venid, filántropos jactanciosos de la poesía y la novela, que lloráis ante una ficción y os petrificáis ante una realidad; venid vosotros, que tenéis lágrimas para la desgracia imaginaria y retrocedéis del contacto con la miseria verdadera; venid y aprended lo que significan la verdadera filantropía y la verdadera sensibilidad. La humanidad de nuestro Señor no era una sentimentalidad enfermiza, distante de los caídos y los despreciados, que solo atraía a los virtuosos y a los dignos. Fue una humanidad que se identificó con nuestra caída y con todas sus miserias consiguientes. Él, siendo puro, tomó nuestra impureza; siendo feliz, tomó nuestras enfermedades y nuestros dolores. Vino como Salvador, y los pecadores fueron los objetos de su amor y compasión.

Es admirable ver cuán estrechamente el Hijo de Dios se unió al hombre caído y sufriente. Toca cualquier cuerda del corazón humano, y de las profundidades de Él brota una respuesta instantánea y armoniosa. Al posar sus ojos en este tembloroso objeto de su simpatía, recordaría que Él mismo nació de mujer, entre sus peligros y sus dolores; recordaría que aún había una que llevaba ante Él el dulce nombre de madre, y otras que le eran como hermanas, y todo lo tierno de su corazón se conmovería. Al contemplar su humillación y pensar en la suya propia, la piedad derretiría su pecho; y mientras escuchaba la voz de sus clamorosos acusadores, con Getsemaní y el Calvario a la vista, su pecado agitaría hasta el fondo la fuente profunda de su misericordia. Entonces se cumplió la predicción mesiánica del Salmista: Él librará al necesitado cuando clame; al afligido y al que no tiene ayudante; porque él se pondrá a la diestra del pobre, para librar su alma de los que le condenan.

Fuente y atribución

Autor original: Octavius Winslow

Título original: Evening Thoughts - March 11

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Octavius Winslow, publicado originalmente en Grace Gems.

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