Cuando el Señor se complace en aplicar una promesa, dejar caer una palabra de aliento y hablar a casa una invitación con poder, administra con ello consolación. Conforta el corazón abatido y habla paz a la conciencia culpable. Y esta consolación es "consolación eterna"; pues fluye de nada menos que una fuente tal, a saber, el amor eterno de Dios, y fluye hacia un océano eterno de deleite infinito. Cualquier indicio de un interés salvador en el amor eterno de Dios es una bendición que supera todo precio; porque el Señor nunca da semejante indicio sino como prenda y anticipo cierto de un gozo inmortal. El no puede defraudar ni engañar. Bendito una vez, bendito para siempre.
Podemos, en verdad, por mucho tiempo dejar de disfrutar el consuelo, y aun caer en las mayores profundidades de tinieblas y confusión, hasta perder de vista casi todas nuestras evidencias; pero el fundamento de Dios permanece firme: "El Señor conoce a los que son suyos". El río del amor eterno puede parecer que pasa de largo sin llegar a nuestro pecho, tan altos son los bordes y tan escondido a la vista el cauce. Sin embargo, si alguna vez ha regado nuestra alma, será un día "aguas en que nadar" de eterno deleite.
Fuente y atribución
Autor original: J. C. Philpot
Título original: March 1
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. C. Philpot, publicado originalmente en Grace Gems.