No debemos olvidar que el Dios de la revelación es también el Dios de la naturaleza. Al explorar ese vasto territorio no invadimos el dominio de un potentado extraño ni pisamos suelo prohibido. La mente espiritual, que se deleita en remontarse por la creación buscando nuevas pruebas de la existencia de Dios y nuevos emblemas de su sabiduría, poder y bondad, se regocija al pensar que pisa el dominio de su Padre. Siente que Dios, su Dios, está allí; y la dulce conciencia de su presencia, junto con la huella de sus perfecciones que por doquier encuentra, llena su alma renovada de asombro, amor y alabanza. No hay guerra entre la naturaleza y la revelación; el creyente descubre entre ambas una armonía hermosa y cercana.
Sin embargo, si la teología natural tiene sus ventajas, tiene también sus límites. Jamás debe ocupar el lugar de la palabra de Dios. Puede dar luz suficiente para dejar al ateo sin excusa, pero no puede convencer al alma de su pecado, de su culpa, de su exposición a la ira de un Dios santo y de su necesidad de un Salvador como Jesús. Todo esto es obra del Espíritu eterno y bendito. Quien funda su esperanza de cielo en lo que ha aprendido de Dios a la luz de la naturaleza, sin conocer la enseñanza del Espíritu, se engaña de manera temible. La religión natural jamás puede renovar, santificar y salvar el alma.
Solo Dios el Espíritu Santo puede hacer que el alma conozca la solemne verdad de que el corazón es engañoso sobre todas las cosas y perversamente malo. Solo Él puede explorar esa oscura cámara y sacar a la luz el mal allí escondido, humillar al alma en el polvo y arrancar la confesión: «He aquí que soy vil». Solo Él puede tomar la sangre del precioso Salvador y la gloriosa justicia del Mediador, y obrando fe para recibirlas, sellar sobre la conciencia el perdón, la aceptación y la paz. Oh, bendito y amoroso Espíritu, tuyos son el vaciar y el llenar, el abatir y el exaltar, el herir y el sanar, el llevar al alma pecadora a la fuente abierta para el pecado y la inmundicia. Tuyo será el galardón y tuya la corona.
Fuente y atribución
Autor original: Octavius Winslow
Título original: Evening Thoughts - May 25
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Octavius Winslow, publicado originalmente en Grace Gems.