Pero es importante observar que el tema en el cual el señor Romaine tanto ama extenderse es purificador tanto como placentero. No solo no es doloroso deleitarse en él, sino que, con toda seguridad, para todo cristiano de corazón verdadero, es seguro.
Somos conscientes del supuesto peligro que algunos conciben de la tendencia de una exhibición tan plena y libre de la gracia del evangelio a producir antinomianismo. Pero el camino para evitarlo no es echando a la sombra ninguna parte de la verdad evangélica. Es abriendo toda ella, y dando a cada una de sus partes el relieve y la prominencia que tiene en la Escritura. No debemos mitigar las doctrinas de la fe justificadora y de una justicia toda perfecta, a causa del abuso que de ellas han hecho los hipócritas; sino que, dejando a estas doctrinas toda su prominencia, debemos colocar a su lado las verdades no menos importantes e innegables de que el Cielo es la morada de criaturas santas, y de que, antes de ser calificados para entrar allí, debemos volvernos santos y celestiales nosotros mismos.
Ni hay un camino más probable de apresurar esta transformación práctica en nuestras almas, que mantener, mediante la sangre de Cristo, una paz en la conciencia, lo cual nunca se hace verdaderamente sin que un amor en el corazón se mantenga junto con ella. Los que son justificados por la fe en la justicia de Cristo, y en consecuencia de ello tienen esa paz con Dios que este Autor se esfuerza tan seriamente por mantener en la mente, no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu; y la fe de ese hombre en el Salvador ofrecido no es real, ni ha dado una aceptación cordial a esa gracia que se revela tan libremente en el evangelio, si no demuestra la existencia de esta fe en su corazón mediante su operación en su carácter.
Un hipócrita puede pervertir la gracia del evangelio, pues buscará refugio para sus iniquidades dondequiera que pueda hallarlo. Pero porque él la recibe engañosamente, esta no es razón para que se le niegue a quienes la reciben en verdad. Las verdades que él abusa para su propia destrucción son, sin embargo, las mismas verdades que sirven para alimentar la gratitud y la nueva obediencia de cada creyente honesto, quien da una aceptación acogedora a todas las cosas escritas en el libro del consejo de Dios, y halla bastante lugar in su sistema moral para ambas posiciones: que es justificado por la fe, y que es juzgado por las obras.
Fuente y atribución
Autor original: Thomas Chalmers
Título original: The Necessity of Repetition of Gospel Truths — parte 8
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Thomas Chalmers, publicado originalmente en Grace Gems.