Una condición indispensable para servir a Dios con algo de éxito, y para hacer la obra de Dios bien y triunfalmente, es el sentido de nuestra propia debilidad.
Cuando el guerrero cristiano marcha a la batalla fuerte en su propio poder, cuando se jacta: «¡Sé que triunfaré; mi propio brazo y mi espada victoriosa me darán la victoria!», la derrota no está lejos. Dios no saldrá con ese hombre que marcha en su propia fuerza. Quien cuenta con la victoria por su propia fuerza ha calculado mal, porque «no es por fuerza ni por poder, sino por Mi Espíritu, dice el Señor Todopoderoso». Los que salen a combatir jactándose de su proeza volverán con sus banderas festivas arrastrando el polvo, y su armadura manchada de deshonor.
Quienes sirven a Dios deben servirle a Su manera y en Su fuerza, o Él nunca aceptará su servicio. Dios nunca reconocerá al hombre que obra sin el auxilio de la fuerza divina. Los frutos de la tierra, Él los descarta; solo recogerá aquel grano cuya semilla fue sembrada desde el cielo, regada por la gracia y madurada por el sol del amor divino. Dios vaciará todo lo que tienes antes de poner lo Suyo en ti; primero limpiará tus graneros antes de llenarlos con lo mejor del trigo. El río de Dios está lleno de agua, pero ni una gota fluye de manantiales terrenales. Dios no admite en Sus batallas ninguna fuerza sino la que Él mismo imparte.
¿Lloras por tu propia debilidad? Ten ánimo, pues debe haber conciencia de debilidad antes de que el Señor te conceda la victoria. Tu vacío es tan solo la preparación para ser llenado; y tu abatimiento no es más que la preparación para tu exaltación.
Fuente y atribución
Autor original: Charles Spurgeon
Título original: November 4 — Morning
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Charles Spurgeon, publicado originalmente en Grace Gems.