La vida de Cristo para cada día

La defensa de Cristo ante sus acusadores

Cristo defiende su obra de sanar en sábado mostrando que el Padre y el Hijo obran unidos, y revela su poder de dar vida y juzgar a todos los hombres.

Esta es parte de la defensa que nuestro Señor hizo de sí mismo ante los judíos. No sabemos en qué lugar la pronunció. Algunos piensan que fue ante el gran concilio de setenta miembros, llamado el Sanedrín; otros creen que fue en el templo. Pero todos deben conceder que la hizo públicamente ante los judíos grandes y doctos, que eran sus enemigos mortales y que ya entonces buscaban matarle. Querían hallar alguna acusación contra él, y la acusación que entonces le hicieron fue la de quebrantar el sábado.

La primera sentencia que nuestro Salvador pronunció en su defensa es difícil de entender: «Mi Padre hasta ahora trabaja, y yo trabajo». ¿Qué obras había obrado su Padre? Había hecho el mundo en seis días y luego había descansado. Había descansado de crear, pero no de preservar. Dios preserva al hombre y a las bestias continuamente; obra de este modo por todas partes a cada momento. Si cesara en esta obra el día de reposo, o cualquier otro día, todas las criaturas se hundirían en la muerte; pues es Dios quien preserva incluso a los ángeles del cielo de la muerte en cada instante. En él vivimos, nos movemos y somos. Jesús, al sanar al paralítico, había hecho una obra de esta clase: había renovado su vida comunicándole nuevas fuerzas. Así los judíos le acusaban de pecado por hacer obras que el Padre siempre hacía, y que él también siempre hacía; porque su Padre y él estaban unidos en toda obra. Jesús, lo mismo que el Padre, había creado el mundo, y él, lo mismo que el Padre, sostiene todas las cosas con la palabra de su poder; por eso dijo: «Mi Padre hasta ahora trabaja, y yo trabajo». ¿Y por qué el Padre y el Hijo están siempre así unidos en sus obras? Porque son un solo Dios: Padre, Hijo y Espíritu Santo son un solo Dios.

La defensa que Jesús hizo de su obra sólo trajo nueva materia de acusación contra él; porque había llamado a Dios su Padre, y así se había hecho igual a Dios. Ahora no sólo le acusaban de quebrantar el sábado, sino del crimen mayor de blasfemia. ¿Y cómo se defendió Jesús de la acusación? No negando que hubiera dicho ser igual a Dios, sino hablando de aquellas grandes obras que él haría, y que mostrarían quién era. Esas grandes obras son dar vida y ejecutar juicio. ¡Quién podía hacer tales obras sino Dios mismo! Aun en el momento en que Jesús hablaba, era capaz de dar vida espiritual a las almas muertas; pues dijo: «Viene la hora, y ahora es, cuando los muertos oirán la voz del Hijo de Dios, y los que la oyeren vivirán». Desde aquella hora ha estado haciendo esta obra. Nosotros no vemos levantarse a las almas muertas, pero Jesús sí. Él sabe cuándo vivifica a un pecador que estaba muerto en delitos y pecados. Se acerca un tiempo en que su poder será manifestado públicamente como la Vida y como el Juez del mundo: «Viene la hora, en la cual todos los que están en los sepulcros oirán su voz, y saldrán; los que hicieron lo bueno, a resurrección de vida; mas los que hicieron lo malo, a resurrección de condenación».

Esta es una declaración terrible. Despertó en una ocasión a un anciano pecador del sueño de muerte. Fue a la iglesia donde predicaba Joseph Milner, y oyó que se anunciaba este pasaje como texto. No oyó más, porque las palabras se apoderaron de su mente y le llenaron de angustia. Buscó al Señor, obtuvo perdón, y llegó a ser tan eminente en santidad como antes lo había sido en iniquidad. Sólo Dios conoce todas las conquistas de su propia palabra. Versículos de la Escritura que muchos escuchan con indiferencia han dado, por el poder del Espíritu Santo, vida a almas que ahora se gozan en la presencia de Dios.

Fuente y atribución

Autor original: F. L. Mortimer

Título original: Christ's defense of himself before the Sanhedrin

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de F. L. Mortimer, publicado originalmente en Grace Gems.

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