En la horrible depravación de los paganos se manifestó la verdad de las palabras de nuestro Señor: «La luz ha venido al mundo, pero los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas; pues todo el que hace lo malo aborrece la luz». La verdad no era de su agrado. Y todos sabemos con cuánta facilidad un hombre se las ingenia, aun frente a la evidencia más contundente, para convencerse de que no cree aquello que le desagrada. Pero a ningún hombre se le puede reducir a una esclavitud mayor que la de ser entregado a sus propias pasiones. Como los gentiles no quisieron conservar a Dios en su conocimiento, cometieron crímenes totalmente contrarios a la razón y a su propio bienestar. La naturaleza del hombre, ya sea pagana o cristiana, sigue siendo la misma; y los cargos del apóstol se aplican, en mayor o menor medida, al estado y al carácter de los hombres de todos los tiempos, hasta que son llevados a una plena sumisión a la fe de Cristo y renovados por el poder divino.
Nunca ha existido un hombre que no tuviera motivo para lamentar sus fuertes corrupciones y su secreto rechazo a la voluntad de Dios. Por tanto, este capítulo es un llamado al examen propio, cuyo fin debe ser una profunda convicción del pecado y de la necesidad de ser librados de un estado de condenación.
Capítulo 2
Los judíos no podían ser justificados por la ley de Moisés, más que los gentiles por la ley de la naturaleza (
Fuente y atribución
Autor original: Religious Tract Society
Título original: Devotional and Practical Commentary — Romans 1:26-32
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Religious Tract Society, publicado originalmente en Grace Gems.