La soledad endulzada

La dicha celestial que ya se acerca a los santos

Una meditación sobre la cercana gloria celestial que aguarda a los santos, cuyo triunfo eterno comienza ya con la fe, y que serena el alma atribulada frente al ruido del mundo.

Para escapar de mi pena presente y triunfar en medio de mi aflicción actual, supongamos que la eternidad está a la mano, lo cual puede suceder muy pronto, pero que ha de suceder antes de mucho tiempo. ¿No puedo, entonces, con el ojo de una fe toda triunfante, imaginarme verme caminando vestido de blanco con mi Bienamado por los campos de la gloria, y toda mi alma derramándose hacia Él de un modo que jamás pudo hacerlo aquí abajo? ¡Mientras torrentes de gloria de su rostro reconciliado me desbordan, y la sonrisa de su amable semblante arrobaba mi alma para siempre! ¡Mientras me uno a los hosannas de la morada celestial, a los eternos aleluyas, y comienzo el cántico que ninguno puede aprender sino el número escogido, los sellados! ¡Con qué transporte me mezclo con las multitudes celestiales y, para mi extremo consuelo, constato que no hay un solo pecador en la compañía del cielo, ni nada que se profiera contra la majestad del Altísimo! Donde todas las multitudes celestiales, transformándose en sus resplandores, encendiéndose en sus llamas y bebiendo de sus ríos extáticos, son felices más allá de toda concepción.

Tal es la felicidad que los santos habrán de entrar; sí, y en cierto modo, ¡ya han entrado! Tan corto es el intervalo entre el ahora y el entonces, entre este estado presente y aquel futuro, que su gloria está, por así decirlo, ya comenzada. La fe y la esperanza, entrando como un ancla dentro del velo, hacen que los santos de Dios se levanten de un solo paso desde este valle de lágrimas al collado de Dios, al monte de comunión.

Ahora bien, ¿por qué ha de turbarme el ruido de la turba o el alboroto de la calle, cuando estoy entrando por la misma puerta de mi morada eterna, y pronto estaré para siempre fuera del alcance de su confusión y de sus murmuraciones? En adelante, ¡que la cercana perspectiva de aquel triunfo eterno embote mi pena presente, disipe mis angustias y derrame serenidad en mi seno!

Fuente y atribución

Autor original: James Meikle

Título original: The approaching happiness of the saints

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de James Meikle, publicado originalmente en Grace Gems.

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