La soledad endulzada

La dicha de entregarse por completo a Dios

El cristiano se somete gozosamente a la disposición de Dios, confiando en que sus caminos son perfectos, equitativos y, al final, provechosos para los afligidos que él redime.

¿Pretenderá alguno, o pretenderé yo, enseñar conocimiento al Altísimo, siendo él excelente en todas sus obras y perfecto en todos sus caminos? Entonces, ya que no puedo dirigirlo, ¿por qué no me someto a su disposición? ¿Puedo predecir los acontecimientos o vislumbrar lo futuro? ¡No! ¿Cómo, pues, puedo prometerme serenidad de un cielo sin nubes, o temer tormentas de un cielo oscurecido? cuando, en cuanto a lo primero, los meteoros que se reúnen pueden extender una sombra inesperada ante el sol; o, en cuanto a lo segundo, las nubes reunidas pueden dispersarse y dejar que los bienvenidos rayos refresquen al mundo cansado. Así, Señor, como por las apariencias presentes no pueden discernirse las contingencias futuras —es mi deber, y será mi estudio, estar TOTALMENTE, PLENAMENTE y PARA SIEMPRE a tu disposición, a quien todas tus obras, todos mis propósitos y todos mis extravíos son conocidos desde el principio!

¡Oh! ¡cómo debería el cristiano glorificarse en que Dios haya escogido para él la suerte de su heredad, y contentarse con aquella condición que el Cielo juzga mejor para él, aunque no sea la más grandiosa ni la mayor; ni la más rica ni la más feliz; ni aquel estado que más desea! No soy mío —pues soy comprado por precio, y pagado muy caro además. ¿No sería demasiado temerario para mí instruir a Dios sobre cómo adornar los cielos, cómo colocar el sol, estacionar la luna, poner los polos, sembrar las estrellas y guiar los planetas errantes? Pues bien, yo soy tanto suyo por derecho (sí, en los lazos del amor, más), y tanto estoy a su disposición, como cualquiera de estas sus otras criaturas; y si no puedo quejarme de su conducta con ellas, ¿por qué disputar contra sus providencias para conmigo?

Otra cosa que debería animar a la sumisión, es que el camino de Dios no sólo es equitativo en sí mismo, sino provechoso para su pueblo, pues el fin postrero de los justos es paz; y el fin del Señor es siempre favorable para sus afligidos —que los escoge en el horno de la aflicción, saca luz de las tinieblas, orden del caos, verdadero bien del mal aparente; y, finalmente, los lleva a través del fuego y del agua a un lugar de gloria eterna!

Fuente y atribución

Autor original: James Meikle

Título original: SUBMISSION

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de James Meikle, publicado originalmente en Grace Gems.

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