Porciones diarias

La dicha de ser herederos juntamente con Cristo

La bienaventuranza de ser hijo de Dios se prueba por las marcas de gracia que el Espíritu graba en el alma, asegurando nuestra herencia en Cristo.

¡Oh, la bienaventuranza de ser hijo de Dios! ¿Puede el corazón concebir o la lengua expresar las alturas y profundidades de gracia y gloria, la seguridad, la dicha, el honor, el deleite de ser heredero de Dios y coheredero con Cristo? Pronto habremos de despojarnos del cuerpo mortal; pronto habremos de yacer con los gusanos de la sepultura y los terrones del valle; pronto habremos de entrar en el mundo invisible. Bien podemos preguntarnos, entonces, ¿cuáles son nuestras perspectivas de eternidad? ¿Dónde estará entonces nuestra heredad? ¿Será de miseria y dolor eternos, de llanto y crujir de dientes, o de los placeres que están a la diestra de Dios para siempre? ¿Tenemos alguna evidencia o testimonio de que somos hijos de Dios? ¿Ha dado el Espíritu algún testimonio, directo o indirecto, de nuestra adopción en su familia, de nuestra filiación y de nuestra herencia?

Cuando repasamos nuestra experiencia pasada, ¿hallamos algunas marcas que podamos mirar con buena medida de fe y esperanza como evidencias sanas y bíblicas de que somos herederos de Dios y coherederos con Cristo? ¿Puedes mirar atrás a esa temporada memorable cuando el Señor se complació en obrar por primera vez en tu conciencia y convencerte de tus pecados? ¿A aquel tiempo de amor cuando Cristo fue por primera vez revelado a tu corazón? ¿A aquel día de aflicción y angustia cuando una dulce promesa de un interés salvador en su amor y sangre fue sellada con poder divino sobre tu alma? De nada sirve apoyarse en el testimonio del hombre o en vanas esperanzas y confianza presuntuosa que broten de un corazón autosuficiente y engañoso. Es el testimonio del Espíritu con nuestro espíritu, más o menos claro, el resplandor del rostro del Señor, las manifestaciones de su presencia y amor, lo único que puede satisfacer de verdad a un hijo de Dios de que es partícipe de la gracia y de la gloria que ha de revelarse en la venida de nuestro Señor Jesucristo.

Fuente y atribución

Autor original: J. C. Philpot

Título original: August 14

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. C. Philpot, publicado originalmente en Grace Gems.

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