¡Qué declaración tan tierna y conmovedora de Dios! ¡Cuán condescendiente y considerado con los sentimientos de su pueblo! ¿Podría Dios dañar un solo cabello de la cabeza de su hijo, aunque sus tratos sean severos y dolorosos? ¡Oh, no! Pueden ser llamados a dejar la casa paterna, como Jacob; descender a Egipto, como Israel; ser probados en sus hijos, como Elí; ser despojados de bienes, hijos y salud, como Job; ser echados en el foso de los leones, como Daniel, y en el horno ardiente, como los jóvenes hebreos; tener una espina en la carne, como Pablo, o ser desterrados, como Juan; con todo, Dios no les hará daño.
Es imposible que Dios dañe a uno de los hijos de su amor. Su naturaleza es amor, su corazón es amor, y todos sus atributos son manifestaciones de su amor. Escucha el testimonio de David: "Tú, Señor, eres Dios misericordioso y clemente, paciente y grande en misericordia y verdad." Cualquiera que haya sido su conducta contigo a lo largo de tu peregrinación, podrás exclamar con él: "Tu benignidad me ha engrandecido." Sus reprensiones tampoco te harán daño: son los escrutamientos del Señor que sondan el mal oculto del corazón, pero sólo para vendar y sanar, como el bisturí del cirujano que duele un momento, mas es esencial para la cura y conduce a mayor pureza y conformidad a Cristo.
En sus dispensaciones afligivas, el Señor no te hará daño. El desaliento presente sea grave y su mano pese sobre ti; con todo, subyacente a todo hay una ternura divina, infinitamente más amable que la enfermera más gentil con su niño, más tierna que el amor de una madre por su primogénito. Quédate quieto, yaciente y como niño destetado bajo la mano suave de un Padre amoroso, pues Él ha dicho: "No te haré daño." Y cuando nos herimos a nosotros mismos por nuestro pecado y nuestra necedad, Él vinda con gracia las heridas que nos infligimos, sosiega los cardenales de nuestras caídas y vuelve a hacer regocijar nuestros huesos quebrantados. Entrégate, pues, alma mía, a Jesús: nunca te ha dañado, y nunca te dañará.
Fuente y atribución
Autor original: Octavius Winslow
Título original: THE GENTLENESS OF GOD
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Octavius Winslow, publicado originalmente en Grace Gems.