Dondequiera que hay fe, hay deseo; y así como la fe abraza las realidades celestiales, el deseo abraza aquello de lo que la fe da testimonio. A medida que el alma es obrada por un poder divino y la fe se ejercita en bendición sobre las promesas que abraza y de las cuales está persuadida, se enciende el deseo de su disfrute.
La verdadera religión no es una tarea gravosa, penosa, melancólica, fatigosa y trabajosa, como muchos piensan. Tiene, en efecto, sus pruebas, tentaciones, aflicciones, pesares profundos y tristezas deprimentes; pero tiene también su dulzura, su paz, sus deleites y sus goces. Y es la dulzura que sentimos, el goce que tenemos y el deleitarnos en las cosas de Dios lo que sostiene nuestra cabeza y nos anima a perseverar y seguir caminando por el desierto.
No es todo bondage, ni angustia de mente, ni tristeza de corazón, ni perplejidad de alma lo que sienten los herederos de la promesa. Hay sorbos y gustos, gotas y migajas, y goces momentáneos, si no largos ni duraderos, dulces sin embargo al venir, dulces mientras duran y dulces en el recuerdo cuando se han ido. El Señor da lo que anima, fortalece, consuela y deleita, y nos capacita para ver que hay en él belleza, bienaventuranza y gloria que hemos gustado, sentido y tocado, y que no cambiaríamos por mil mundos.
Fuente y atribución
Autor original: J. C. Philpot
Título original: July 31
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. C. Philpot, publicado originalmente en Grace Gems.