La enseñanza de Dios solo puede ser conocida y experimentada por aquellos que han visto el fin de toda perfección humana y que están, en su propia experiencia, completamente destituidos de toda sabiduría carnal. Y esa enseñanza divina no deja al hombre donde lo encontró: muerto, insensible, mundano y carnal. Si está en angustia, no lo deja en la angustia; si se siente culpable, no lo deja culpable; si está en tinieblas, no lo deja en tinieblas, sino que lo levanta de esos males. Así, el pueblo de Dios es conducido continuamente a acercarse a él para recibir su instrucción, porque siente que sin esa enseñanza especial no puede conocer nada como debiera conocerlo.
Y cuanto más tienen, más quieren tener, pues no bien se retira la luz, las tinieblas se sienten con mayor intensidad. Si un texto de la Escritura les ha sido abierto, desean que otros les sean revelados del mismo modo; si han disfrutado algún consuelo y les es quitado, vuelven a anhelarlo. Por ello, cuanto más sabios y espirituales se vuelven los hijos de Dios, más necios y carnales se ven a sus propios ojos; cuanto más fuertes son en el Señor y en el poder de su fuerza, más sensiblemente sienten la debilidad de su carne; y cuanto más se les concede caminar de cerca con el Señor, más descubren los miserables extravíos de sus corazones pecaminosos.
Fuente y atribución
Autor original: J. C. Philpot
Título original: March 25
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. C. Philpot, publicado originalmente en Grace Gems.