Hay, en verdad, quienes mueren, y ni llevan consigo esperanza alguna, ni dejan esperanza alguna a sus parientes que sobreviven —pero "el justo tiene esperanza en su muerte." (Proverbios 14:32.) Cuando mueren nuestros parientes piadosos (debemos usar la palabra a veces), hay esperanza; son ganadores infinitos por su muerte. A veces mueren llenos de esperanza. (Job 19:25-27.)
Así, el santo Pablo: "Sabemos que si nuestra morada terrenal, esta tienda, se deshace, tenemos de Dios un edificio, una casa no hecha por manos humanas, sino eterna, en los cielos. Por lo cual, en esta tienda nosotros gemimos, deseando ser revestidos de aquella nuestra habitación celestial; porque así vestidos no seremos hallados desnudos. Porque asimismo los que estamos en esta tienda gemimos con peso, porque no quisiéramos ser desnudados, sino revestidos, para que lo mortal sea absorbido por la vida." (2 Corintios 5:1-4)
¡Glorioso triunfo! De nuevo lo hallamos en su propio nombre, y en el nombre de sus otros hermanos y compañeros en la tribulación, y en el reino y paciencia de Jesucristo, marchando fuera del campo de este mundo de manera victoriosa, con las banderas flameantes y los tambores sonando; y así burlándose de la muerte como un conquistador: "¿Dónde está, oh muerte, tu victoria? ¿Dónde, oh muerte, tu aguijón? El aguijón de la muerte es el pecado, y el poder del pecado es la ley. Mas gracias a Dios, que nos da la victoria por nuestro Señor Jesucristo." (1 Corintios 15:55-57.)
¡Oh, la superabundante consolación de los herederos de la promesa! Y si la partida de alguno de los santos de Dios es bajo una nube, de modo que no pueden expresar sus propias esperanzas —aun dejan tras de sí sólidas evidencias escriturales de su interés en el amor eterno y electivo de Dios, y de su vocación eficaz salida del mundo al reino y comunión de su claro Hijo Jesucristo, nuestro Señor. (Gálatas 5:22-23.) Tales evidencias como:
su pobreza de espíritu;
su santo duelo por sus pecados;
su hambre y sed de justicia;
su pureza de corazón, visible en la santidad de sus vidas;
sus disposiciones pacíficas y pacificadoras;
su paciente soportar de la cruz;
su guardar los preceptos de la palabra de Dios;
su amor soberano a Cristo;
su amor cordial a los santos;
su desprecio del mundo;
su deseo de la aparición de Cristo;
en una palabra, su conformidad con Cristo, su Cabeza.
La memoria de estas gracias del Espíritu bien puede administrar abundante materia de esperanza y gozo a los amigos que sobreviven —de que aquellos parientes que se han quedado dormidos fueron un pueblo que Dios ha apartado para sí, precioso a su vista, honorable y amado de Él; un pueblo formado para Él, para mostrar su alabanza, y hecho apto para ser partícipe de la herencia de los santos en luz.
Los que entierran a sus parientes y sus esperanzas juntos en una misma tumba, tienen justa causa de duelo. Mas con vosotros que, sobre estas evidencias escriturales, tenéis buena esperanza acerca de vuestros amigos difuntos, es de otra manera. Sabéis que mientras vosotros estáis de luto en la tierra —ellos se regocijan en el Cielo; que mientras vosotros estáis vestidos de negro —ellos están ataviados de blanco, aun con la larga vestidura blanca de la justicia de Cristo; que mientras vosotros estáis lamentando —ellos están sentados con Cristo en su trono. No profanéis, pues, os ruego, vuestra esperanza escritural con un duelo no escritural; no deis al mundo ocasión de juzgaros a vosotros mismos como viviendo sin fe, o a vuestros parientes como muertos sin esperanza. Sea vuestra moderación cristiana conocida de todos los hombres, para que sea un testimonio visible a todo el mundo de la gracia de Dios en ellos, y de vuestras esperanzas de su gloria con Dios. Por tanto, consolaos unos a otros también con esta palabra.
Fuente y atribución
Autor original: Thomas Case
Título original: A Prospect of Heaven — parte 4
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Thomas Case, publicado originalmente en Grace Gems.