"La esperanza que os está guardada en los cielos." Colosenses 1:5
La esperanza solo tiene referencia al futuro: no tiene nada que ver con el pasado ni con el presente. La fe mira hacia atrás y también hacia adelante; pero la esperanza fija su mirada exclusivamente en las cosas venideras. Y los objetos de los que se ocupa son "las cosas buenas que han de venir", o cosas que se supone poseen tal carácter.
Decimos que se supone, pues muchos objetos por los cuales los hombres han esperado y que han ansiado con vehemencia, resultaron, al poseerlos, mucho menos valiosos y atractivos de lo que en otro tiempo parecieron. La distancia, en innumerables casos, presta encanto a la vista.
Así ocurre con frecuencia con los objetos naturales: gran parte del encanto del que parecen estar investidos cuando se les contempla de lejos desaparece cuando se les examina de cerca. "Para todos los que están familiarizados", se ha observado de manera notable, "con el escenario de la naturaleza externa, es evidente que un objeto para ser visto con la mayor ventaja debe ser colocado a cierta distancia del ojo del observador. La choza del pobre, aunque todo en su interior sea andrajosidad y desorden, y todo a su alrededor esté lleno de los espectáculos más repugnantes, con todo, si se la ve a suficiente distancia, puede parecer una cabaña encantadora. El campo donde crece el cardo y cuya faz está deformada por la exuberancia silvestre de las malas hierbas, puede deleitar el ojo del espectador distante por la hermosura de su verdor. Aquel lago cuyas aguas están corrompidas y cuyas orillas envenenan el aire con sus emanaciones palustres, puede hechizar el ojo del entusiasta que lo contempla desde una eminencia vecina, y se detiene con arrobo en la quietud de su superficie y en la hermosura de su contorno, su dulce borde guarnecido con la coloringue alegre de la naturaleza, sobre el cual la Primavera derrama sus mejores ornamentos.
Y todo es efecto de la distancia: suaviza los rasgos ásperos y repugnantes de todo objeto. Lo detestable y ordinario puede vestirlo con los atractivos más románticos. La distancia puede transformar la aldea campestre en un paraíso de hermosura, a pesar de las abominaciones que hay en cada puerta y de las reyertas airadas de los hombres y mujeres que la habitan. Se ve el humo elevarse en espirales fantásticas por el aire puro, y la flecha de la aldea asomar entre el espeso verdor de los árboles que la cobijan. La imaginación de nuestro sentimental se hincha de placer y completa la armonía del cuadro."
Pues bien, es alentador saber que para la esperanza del cristiano tales reflexiones resultan del todo inaplicables. Aunque su objeto sea distante, en una "tierra muy lejana", lo que encanta en la distancia no perderá su encanto cuando se alcancen sus fronteras y se experimente realmente su bienaventuranza. Los sentimientos de los santos en el Cielo serán, sin duda, muy semejantes a los de la reina oriental en su visita al más magnífico de los monarcas de Israel. Acostumbrada como estaba a las escenas más suntuosas e imponentes, lo que entonces vio eclipsó todo el esplendor con el que antes estaba familiarizada; y con la debida franqueza reconoció que el escepticismo con el que había escuchado los relatos que le habían llegado no solo quedó disipado, sino que las descripciones habían quedado muy por debajo de la realidad: "Cuando la reina de Sabá vio cuán sabia era Salomón, y cuando vio el palacio que había construido, quedó abrumada. También se asombró de la comida en sus mesas, de la organización de sus oficiales y de su espléndida vestimenta, de los coperos y de los holocaustos que Salomón ofrecía en el templo del Señor. Exclamó al rey: ¡Todo lo que oí en mi país acerca de tus hazañas y de tu sabiduría es cierto! No creía lo que me habían dicho hasta que llegué aquí y lo vi con mis propios ojos. ¡En verdad, no me habían contado ni la mitad! ¡Tu sabiduría y tu prosperidad superan con mucho lo que se me había dicho!" 1 Reyes 10:4-7
Un antiguo emperador, cuando hubo alcanzado ciertas conquistas que durante años habían sido la cumbre de su ambición, podría exclamar: "¿Es esto todo?". Pero jamás el conquistador cristiano, después de haber vencido por la sangre del Cordero y por la palabra de su testimonio, cuando sea admitido en el reino eterno para recibir aquella recompensa en cuya perspectiva soportó las fatigas del combate y el trabajo del camino, jamás será tentado de unirse a tal exclamación. Así como Dios cumple con creces los deseos de su pueblo aquí, haciendo por ellos mucho más abundantemente de todo lo que pedimos o pensamos, así también superará inconmensurable e inconcebiblemente sus más sublimes expectativas en la vida venidera.
Fuente y atribución
Autor original: John MacDuff
Título original: The Glorious Hope!
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de John MacDuff, publicado originalmente en Grace Gems.