En la Escritura, el pueblo de Dios es presentado con frecuencia como quien aguarda la aparición del Salvador. Y cuando consideramos los gozos y los honores que entonces recibirán en plenitud, lo verdaderamente admirable es que no anhele esa esperanza bendita con un deseo mucho más intenso y ardiente. ¡Cuán arrebatador será su gozo cuando, a la voz del arcángel y al trompetazo de Dios, se reúnan con su Señor en el aire para recibirlo mientras descienda rodeado de las innumerables huestes de ángeles que aumentan el esplendor de su corte. Mientras todos los incrédulos de la tierra se lamentarán y herirán sus pechos, ellos podrán regocijarse con un gozo indecible y glorioso.
Es cierto que el Redentor ha prometido manifestarse a su pueblo en la tierra, y muchas veces han salido a su encuentro en los recintos de sus ordenanzas. Lo han hallado en su casa, y mientras allí se banquetean con su gracia, sus penas se olvidan y sus fuerzas se renuevan. Lo han hallado en su mesa, cuando, al partir el pan, Él se les ha manifestado como no lo hace al mundo. Lo han hallado en el lugar de su pie, y Él ha conversado dulcemente con ellos desde el propiciatorio. Pero en aquel gran día se dirá, en otro sentido muy superior: «¡He aquí el Esposo viene! ¡Salid a recibirlo!» Será para encontrarse con Él, no en los medios de gracia, sino en el trono de su gloria. Para encontrarse con Él, no en una visita pasajera, sino para morar para siempre en su presencia inmediata, contemplar sus gracias incomparables y unirse a santos y ángeles para cantar su alabanza sin fin.
Cristiano, ¿resistirá tu amor a Cristo esta prueba? ¿Estás mirando y anhelando su regreso? ¿Preguntas con frecuencia: «¿Por qué tarda tanto su carro en venir?» ¡Oh! ¿Puede un acontecimiento tan glorioso en su naturaleza y tan dichoso en sus frutos no ser anhelado? ¿Será Él un intruso indeseado cuando venga? Tal lo será para el mundo de los impíos, cuyo lenguaje del corazón es ahora: «Dilata tu venida; detén las ruedas de tu carro; no te necesitamos, pues otros asuntos ocupan nuestros pensamientos y acaparan nuestros afectos». Pero si tales no lo reciben con bienvenida cuando venga, muy de otro modo debe ser con nosotros, que profesamos ser sus seguidores y amigos. ¿No debiera pasarse toda nuestra vida en la expectación de aquel gran acontecimiento? ¿No debiera ser nuestro clamor diario y de cada hora: «¡Ven, Señor Jesús, ven pronto!»?
Fuente y atribución
Autor original: John MacDuff
Título original: The Glorious Appearing
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de John MacDuff, publicado originalmente en Grace Gems.