La soledad endulzada

La eternidad gloriosa que aguarda al creyente

Más allá del sepulcro se abre un horizonte de luz, donde el alma, libre de su prisión terrenal, entra en la eternidad para gozar de Dios y ser conformada a su imagen.

En verdad, la mayor parte de los hombres viven como si no hubiera futuridad, como si no hubiera más allá; como si se desvanecieran del ser en el instante mismo en que dejan su cuerpo mortal. Pero, no obstante las miras estrechas de los mortales corrompidos, un noble horizonte se abre más allá de la muerte: la esperanza del pecho desposado con el cielo. Ciertamente, así como el prisionero, largo tiempo detenido en la lóbrega mazmorra, cuando se le permite franquear la puerta de la cárcel para recobrar la libertad, mira con deleite los campos ilimitados de luz; y con una especie de gozo ávido recorre con la mirada todos los cielos circundantes. Así, cuando mi alma, por la puerta de la muerte, escape de esta prisión de arcilla en la que gimo a diario, y atraviese las fronteras del tiempo, me elevaré de golpe a la eternidad misma, miraré en derredor campos de luz, ríos de gloria; y, con los desbordamientos de un santo gozo, ¡contemplaré la felicidad en su plenitud infinita!

¿Qué importa, pues, que mi polvo se mezcle por un tiempo con la tierra, y mi memoria perezca entre los hijos de los hombres —si mi alma inmortal, toda actividad y vida, sale sin cansancio alabando a la Fuente de gloria y al Manantial de salvación? Si mi muerte es feliz, mi eternidad será bienaventurada. Si sus resplandores disipan las tinieblas de la muerte, andaré en la luz de su rostro para siempre. En aquel estado de bienaventuranza, toda mi dicha será conforme al estado del Rey. Viviré en su sonrisa y seré arrebatado con sus emanaciones; andaré en su luz y seré conformado a su imagen. Beberé de sus placeres, me revestiré de su fortaleza y participaré de la naturaleza divina. ¡Oh, cómo toda potencia del alma arderá en sus resplandores, se iluminará en su gloria y se encenderá en su amor!

Entonces este gusano moribundo comenzará a vivir al modo de los ángeles; entonces esta alma tibia amará en un grado semejante al de los serafines, y se unirá a los arrobamientos de los citaristas delante del trono. Aquí, en esta tierra, he visto algunos de sus pasos de majestad; pero allí le contemplaré en toda su gloria, y mi alma tendrá, por su propia asombrosa condescendencia, tales aprehensiones refinadas, tal conocimiento claro y vivo de él, que podrá decirse que «le veo cara a cara, y conozco como soy conocido». Allí andaré vestido de blanco en presencia de la Trinidad indivisa, y gozaré de comunión con el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo para siempre. Admiraré todas sus glorias deslumbrantes, adoraré todas sus perfecciones divinas, y seré poseedor de placeres tan amplios como mi deseo, puros como la bienaventuranza de los ángeles, inmortales como mi propia alma, y liberales como la largueza del glorioso Dador. Además, cualesquiera cosas gloriosas y sagradas bienaventuranzas que posea, esto añade a su excelencia: que es eterno; mientras que mis fatigas se disolverán todas en descanso sin fin, mis pesares en gozo eterno, y mis tristezas en cánticos eternos.

Ciertamente, cuando contemplo tal estado delante de mí, me asombra que mi estado acá abajo, sea el que fuere, me aflija más de lo que un mal día o un camino lodoso incomodan a un rey que va a su coronación. Aquella felicidad de la que soy expectante, trasciende a la suya tanto como la suya trasciende a la del más miserable galeote. Entonces, en aquel día en que el mundo dirá de mí: «Ya no es», comenzaré a ser lo que coronará mi más alta aspiración y satisfará todos mis deseos: habitante permanente del mundo de arriba, donde gozaré de Dios, el bien inconcebible, de manera inconcebible, por edades sin fin. ¡Entonces, unos momentos, y ya no soy de este mundo! ¡Y otra vez, unos momentos, y estoy con Jesús para siempre!

Fuente y atribución

Autor original: James Meikle

Título original: A state after Death

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de James Meikle, publicado originalmente en Grace Gems.

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