Les mostraré los tristes problemas y los intolerables males que provienen de no practicar este deber de la meditación. Les mostraré que la falta de practicar este deber es la causa de todo pecado, y citaré casos concretos:
1. La razón por la que las personas endurecen sus corazones en el PECADO y persisten obstinadamente es por falta de meditación. "Escuché y oí, pero no hablaron rectamente; ninguno se arrepintió de su maldad, diciendo: ¿Qué he hecho?" (Jer 8:6). No se arrepintieron porque no reflexionaron sobre lo que hacían; no se volvieron en sí mismos, como dice la frase: "Si se volvieren en sí mismos… y se arrepintieren" (1 Reyes 8:47).
No dijeron: "Estoy perdido por lo que he hecho; he perdido a Dios y al cielo por lo que he hecho; y si no me arrepiento, seré una criatura perdida para siempre". Nadie se arrepintió de su maldad, porque nadie consideró lo que había hecho; pues si consideras el mal que hay en el pecado, si moras y permaneces en ello, si conversas con tu propio corazón y consideras seriamente qué cosa tan mala y amarga es pecar contra Dios, no te atreverás a pecar voluntariamente contra Dios. La razón por la que los hombres avanzan temeraria, descuidada y obstinadamente en el pecado es por falta de meditar en el mal del pecado.
2. La razón por la que todos los SERMONES que escuchamos no nos hacen más bien es por falta de meditación divina. Pues con los sermones sucede lo mismo que con la comida: no basta tener comida sobre la mesa para que te alimente, sino que debes comerla. Y no solo debes comerla, sino digerirla; de lo contrario, la comida no te hará ningún bien.
Así es con los sermones: no es escucharlos lo que te hará bien, sino digerirlos por la meditación. Reflexionar en tu corazón sobre lo que oyes, debe hacerte bien. ¡Un sermón bien digerido, bien meditado, es mejor que veinte sermones sin meditación! Ahora bien, la meditación es lo que digerirá todos los sermones que escuches.
Hay algunos enfermos con una dolencia que les hace vomitar cuanto comen: la comida nunca les hace ningún bien.
Fuente y atribución
Autor original: Edmund Calamy
Título original: The Dangers of Neglecting Meditation — parte 1
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Edmund Calamy, publicado originalmente en Grace Gems.