La fe tiene que ver con el entendimiento y el corazón. Un hombre necesita conocer su condición perdida y arruinada antes de aceptar a Cristo; y ¿cómo puede conocerla sin una mente espiritualmente iluminada? ¡Qué cambio sorprendente se obra entonces! Llevado por el poder poderoso del Espíritu Santo, llega al conocimiento de sí mismo. Un rayo de luz, un toque del Espíritu, ha alterado todas sus opiniones acerca de sí, lo ha colocado en un aspecto nuevo; sus pensamientos, afectos y deseos son desviados por otro cauce opuesto; sus opiniones favorables sobre su propia justicia se han disipado como un sueño, sus pensamientos altivos se humillan, sus miradas soberbias se abaten, y, como pecador quebrantado, toma su lugar en el polvo delante de Dios. ¡Oh cambio maravilloso, oh cambio bendito! Ver al fariseo ocupar el lugar y pronunciar el clamor del publicano: Dios, sé propicio a mí, pecador; oírle exclamar: Estoy perdido, arruinado por mí mismo, merecedor de ira eterna, y el más vil de los pecadores. Entonces comienza la obra y el ejercicio de la fe: el mismo Espíritu que convenció de pecado presenta al alma un Salvador crucificado por los perdidos, despliega una salvación plena y libre para los más indignos, revela una fuente que limpia de todo pecado y muestra una justicia que justifica de todas las cosas. Y todo lo que le pide al pobre pecador convencido para aprovecharse de ello es simplemente creer.
A la pregunta trascendental: ¿Qué debo hacer para ser salvo?, esta es la única respuesta: Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo. El alma angustiada exclama con ansiedad: ¿No tengo entonces nada que hacer sino creer? ¿No tengo gran obra que cumplir, ni precio que traer, ni dignidad que alegar? ¿Puedo venir tal cual soy, sin mérito, sin preparación, sin dinero, con toda mi vileza y vaciedad? La respuesta sigue siendo: Solo cree. Entonces, Señor, creo, exclama el alma transportada de gozo; ayuda mi incredulidad. Esto, lector, es la fe: esa gracia admirable, ese acto poderoso del que tanto ha oído y sobre el que tantos volúmenes se han escrito y sermones predicado; es el sencillo rodar de un corazón herido y sangrante sobre un Salvador herido y sangrante; es la sencilla recepción de la verdad asombrosa de que Jesús murió por los impíos, murió por los pecadores, murió por los pobres y los quebrados, y que invita y acoge en su seno a todo pecador convencido y cargado. El corazón que cree este anuncio, abandonando toda otra dependencia y descansando solo en él, recibiéndolo, acogiéndolo y gozándose en él, halla en un instante, todo, toda paz. No olvide, lector, que la fe es simplemente creer con todo el corazón que Jesús murió por los pecadores; y la plena creencia de este solo hecho traerá paz al alma más angustiada y atribulada por el pecado.
Fuente y atribución
Autor original: Octavius Winslow
Título original: Evening Thoughts - October 8
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Octavius Winslow, publicado originalmente en Grace Gems.