Mañana y noche

La fe que persiste hasta ver la nube de la promesa

Cuando el Señor ha prometido el éxito, la oración perseverante no debe desmayar, pues la respuesta diferida purifica el corazón y al final llega como la pequeña nube precursora de la lluvia.

El éxito es cierto cuando el Señor lo ha prometido. Aunque hayas suplicado mes tras mes sin evidencia de respuesta, no es posible que el Señor sea sordo cuando su pueblo está empeñado en un asunto que toca su gloria. El profeta en la cumbre del Carmelo continuó luchando con Dios, y jamás por un instante cedió al temor de no ser recibido en los atrios de Jehová. Seis veces regresó el siervo, pero en cada ocasión no se pronunció otra palabra sino: "Vuelve otra vez." No debemos dar cabida a la incredulidad, sino mantener nuestra fe aun hasta setenta veces siete. La fe envía a la esperanza expectante a mirar desde la cumbre del Carmelo, y si nada se divisa, envía una y otra vez.

Lejos de ser aplastada por las decepciones repetidas, la fe se anima a suplicar más fervientemente a su Dios. Es humillada, pero no confundida; sus gemidos son más profundos y sus suspiros más vehementes, pero jamás afloja su agarre ni detiene su mano. Sería más conforme a la carne y la sangre recibir una pronta respuesta, pero las almas creyentes han aprendido a ser sumisas y a hallar bueno esperar en el Señor y esperar al Señor.

Las respuestas diferidas a menudo llevan al corazón a examinarse, y así conducen a la contrición y a la reforma espiritual; golpes mortales se asestan así a nuestra corrupción, y las cámaras de imágenes son limpiadas. El gran peligro estriba en que los hombres desfallezcan y pierdan la bendición. Lector, no caigas en ese pecado, sino persevera en la oración y la vigilancia.

Al fin fue vista la pequeña nube, el seguro precursor de torrentes de lluvia, y así también contigo: la señal de bien será ciertamente dada, y te levantarás como un príncipe que prevalece para disfrutar la misericordia que has buscado. Elías era un hombre de pasiones semejantes a las nuestras; su poder con Dios no residía en sus propios méritos. Si su oración creyente logró tanto, ¿por qué no la tuya? Pledea la sangre preciosa con importunidad incesante, y será contigo conforme a tu deseo.

Fuente y atribución

Autor original: Charles Spurgeon

Título original: September 28 — Evening

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Charles Spurgeon, publicado originalmente en Grace Gems.

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