El ejercicio de la fe la fortalece, así como la falta de ejercicio la debilita. Igual que un brazo que cuelga inmóvil pronto pierde vigor, la fe, que es el brazo derecho de la fuerza del creyente, se vigoriza cuanto más se ejercita y se marchita cuando permanece inerte. Cuando las providencias sombrías, las pruebas agudas y las tentaciones se acumulan en torno al alma creyente, ése es el momento para que la fe se revista de poder y salga a la batalla. Dios nunca coloca a su hijo en dificultad alguna ni le impone cruz alguna sin que sea un llamamiento a ejercitar la fe; y si la oportunidad de ejercitarla pasa sin aprovecharse, el efecto será un debilitamiento del principio. No olvidemos que cuanto más se pone en juego la fe, más aumenta; cuanto más se ejercita, más fuerte se vuelve.
Algunas de las misericordias más escogidas del pacto llegan a la experiencia del creyente por medio de un parto de fe. Puede ser un proceso tedioso y doloroso; la fe puede ser probada larga y agudamente, pero las bendiciones que traerá compensarán con creces todo el llanto, el sufrimiento y el clamor que haya ocasionado. El Señor puede llevar a su hijo por sendas difíciles y estrechas, cercarlo de espinas para que no pueda salir, pero es solo para llevar al alma a descansar más sencillamente en Él. Cuando ninguna criatura podía ayudar, cuando faltaba refugio y nadie se cuidaba del alma, entonces la fe sale y se apoya en Aquel que nunca desprecia su propia obra, sino que honra la exhibición más débil y vuelve su oído al clamor más tenue. El Señor escucha al que clama desde las profundidades y lo libra de todos sus temores. Así se cumple su palabra: «El llanto puede durar toda la noche, pero por la mañana vendrá el cántico de alegría».
Fuente y atribución
Autor original: Octavius Winslow
Título original: Evening Thoughts - September 27
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Octavius Winslow, publicado originalmente en Grace Gems.