Palabras diarias para los peregrinos de Sion

La fe que vive aun en la muerte

Aun en el abatimiento más profundo, la fe viva depositada por el Espíritu clama a Dios; y porque Cristo resucitó, el alma muerta que cree vivirá con Él.

¿Cómo puede creer alguno que está muerto? Puede, o de lo contrario nuestro Señor no lo habría dicho. Te mostraré cómo. Es un hombre vivo, vivificado a vida por el poder del Espíritu de Dios, y sin embargo está muerto. Este es el profundo misterio: que aunque está muerto en la ley, muerto en la conciencia, muerto en indefensión, sin embargo Dios el Espíritu Santo ha soplado en él y depositado en él una semilla de fe viva. Con esta fe clora, con esta fe suspira, con esta fe hambre y sed de justicia; y más aún, con esta fe mira a Cristo y cree en el Hijo de Dios. Apenas sabe que tiene fe. Su fe es tan débil y tan pequeña en su propia estima, que no se atreve a decir que tiene fe; y sin embargo tiene todos los frutos de la fe, todas las marcas de la fe, todas las evidencias de la fe.

Toma como caso paralelo a Jonás en el vientre del pez. ¿Tenía fe o no la tenía? ¡Cuán bajo se hundió cuando las olas se amontonaban sobre su cabeza, cuando era llevado por el abismo sin límites en el vientre del pez! Y aun allí pudo decir: «Volveré a mirar hacia tu santo templo». ¿No tenía fe? Sí, la tenía; y por esa fe fue salvo, justificado, aceptado, sacado y librado, y pudo decir: «La salvación es del Señor». Toma a Ezequías sobre su lecho de enfermedad. ¿No tenía fe? ¿Cómo, pues, pudo volver su rostro a la pared y orar al Señor? ¿Cómo pudieron sus ojos debilitarse mirando hacia arriba, cuando dijo: «Oh Señor, estoy oprimido, aboga tú por mí»? Toma a David en su camino doloroso, cuando subió por la cuesta del monte de los Olivos y lloraba mientras subía descalzo, con la cabeza cubierta, en tiempos de la rebelión de Absalón. ¿No tenía fe? ¿Cómo, pues, oró: «Oh Señor, te ruego que vuelvas el consejo de Ahitofel en necedad»? ¿Y por qué el Señor respondió esa oración, si no era oración de fe? En todos estos hombres de Dios, hundidos casi hasta el último y más bajo punto, había todavía la vida de la fe; y con esa fe invocaron a Dios. Miraron a Él y fueron iluminados, y sus rostros no se avergonzaron.

He aquí, pues, la conexión entre la resurrección del Señor Jesucristo de entre los muertos y la experiencia de este alma aparentemente muerta. Cuando Cristo murió, llevó los pecados de esta pobre alma muerta en su cuerpo sobre el madero, y así los expió y los quitó. Cuando Cristo resucitó de entre los muertos, esta pobre alma muerta resucitó con Él, como miembro de su cuerpo místico. Cuando Cristo subió a lo alto, ascendió con Él. Y cuando Cristo se sentó a la diestra del Padre, virtual y místicamente se sentó con Él en la bienaventuranza celestial. Por tanto, porque Jesús es la resurrección, y porque como tal tiene un interés salvador en él, «el que cree en Él, aunque esté muerto, vivirá».

Fuente y atribución

Autor original: J. C. Philpot

Título original: August 26

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. C. Philpot, publicado originalmente en Grace Gems.

Comparte esta lectura