La soledad endulzada

La felicidad excelente de los bienaventurados

El tiempo es breve y la eternidad larga; meditar en la gloria celestial sostiene al creyente bajo la cruz y lo libera del temor a las pérdidas temporales.

¡El tiempo es breve, y la eternidad larga! Sin embargo, en este corto tiempo debo prepararme para la larga eternidad. ¡Oh, qué duración se extiende ante mí! Mas ¡qué necia infatuación hay dentro de mí, que deba ocuparme de las bagatelas del tiempo y olvidar los grandes intereses de la eternidad! En verdad, cuando comparo la eternidad y el tiempo, me asombra que la eternidad no absorba al tiempo en mis preocupaciones y meditaciones. ¡Con qué engañosas fantasías y sueños ilusorios se nos entretiene aquí, en comparación con aquel entendimiento divino, conocimiento intuitivo, descubrimientos espirituales, vigor y actividad del alma que poseeremos cuando despertemos a la inmortalidad, de todos los sueños de esta vida transitoria!

Y, con todo, ¡ay de mí! ¿No estoy más ansioso por crecer en las cosas terrenales que por crecer para el cielo? ¿No pesará más el temor de las pérdidas temporales que el gozo que debiera tener en el creer? Mientras Dios y la gloria tienen una meditación pasajera en mi corazón, ¿no tienen las vanidades del mundo una morada permanente? ¿No echa raíces más hondas la tristeza mundana en mi alma que el gozo espiritual? Y, si se contaran mis pensamientos, la mayor parte se gastaría en vanidades terrenales, mientras que las cosas sagradas apenas tienen cabida. ¿Es este, ¡ay!, el proceder de un candidato a la bienaventuranza, la práctica de quien aguarda la gloria?

Uno piensa menos en lo que menos ama. ¡Oh, conclusión lamentable! Que amo menos a Dios, puesto que él es el menor en mis pensamientos. Mas déjame elevar mi contemplación y ver las multitudes celestiales, morando en la plena manifestación de su gloria, poseedoras de placeres tan libres como la fuente de donde brotan, y tan plenos como su deseo ilimitado. Sus almas están colmadas de la más refinada satisfacción, del deleite sagrado y del gozo sustancial. ¡Qué magnífica asamblea la de los habitantes de la patria mejor! Llevando coronas, empuñando cetros, reinando en tronos, caminando en vestiduras blancas, exaltados en sus naturalezas, sus concepciones luminosas, sus visiones sin nubes, sus pensamientos elevados, sus cánticos arrebatadores, su felicidad confirmada, su amor encendido, ¡y todos sus poderes embelesados para siempre!

Viendo esto, y mucho más, pues el ojo no ha visto, el oído no ha oído, ni ha entrado en el corazón del hombre concebir lo que Dios tiene preparado para los que le aman y le temen, tal es la dicha del cortejo triunfante, que posee la sustancia, la médula y la esencia de la bienaventuranza. No es de extrañar, pues, ver a los santos fijar sus afectos en las cosas de arriba y anhelar unirse a la compañía dichosa.

¿Qué importa, entonces, que sea una ascensión empinada al monte de Dios, si en la cumbre del collado hay frescos cenadores y un paraíso floreciente? La sola perspectiva del estado celestial podría hacerme yacer, sin quejarme, en el calabozo de una prisión, hasta el instante mismo en que fuera conducido al palacio. ¿Qué, si llevo mi cruz hasta el día en que ciña la corona? ¿Qué, si muero cada día, hasta que Cristo, con quien mi vida está escondida en Dios, aparezca, y yo aparezca con él en gloria? ¿Debería algo de aquí abajo preocupar a quien tiene su porción eterna allá arriba? ¿Deberían los placeres del mundo, que no son sino nubes pintadas y apariciones vanas, seducirle; o los males del mundo aterrarle, a quien dentro de poco ha de despedirse para siempre de ambos? Que las adversidades pisen sus talones: el cielo tiene una puerta abierta para él, a la cual, mientras ellas han de quedarse fuera, él entrará adentro, y no se acordará más de su miseria. Sea, pues, mi estudio diario caminar a la vista del mundo venidero, hasta aquel día dichoso en que, ¡oh palabra admirable!, entre en el gozo de mi Señor.

Fuente y atribución

Autor original: James Meikle

Título original: The excellent happiness of the blessed

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de James Meikle, publicado originalmente en Grace Gems.

Comparte esta lectura