La gloria del Señor es su presencia en el alma, pues ella está representada por la nube, como cuando su gloria llenó la casa que Salomón edificó. Esta gloria del Señor, en la nube y el humo de día y en el resplandor de un fuego flameante de noche, ha de ser una defensa, tanto sobre toda morada del monte de Sion como sobre sus asambleas. ¿Una defensa contra qué? Principalmente contra cuatro cosas.
Primero, es una defensa contra el error. Nadie puede abrazar el error si conoce algo de la presencia y el poder de Dios en su alma, o si ha visto algo de la gloria de Dios en el rostro de Jesucristo; pues todo error se opone no solo a la verdad de Dios, revelada en la palabra, sino a la presencia de Dios, revelada en el corazón. El Señor nunca bendecirá con su presencia manifestada a ningún hombre erróneo, sea ministro o particular, pues nunca honra ni bendice sino su propia verdad, y a los que la creen y la sostienen. «A los que me honran, yo los honraré.» El Espíritu de verdad guía a toda verdad, y no puede ni quiere aprobar ni bendecir el error.
Segundo, esta gloria será también una defensa contra todo mal; pues nada hace que el pecado se vea y se aborrezca como pecado tanto como la presencia del Señor. Él se conoce y se siente en tales momentos como infinitamente puro y santo, y un Dios santo ha de aborrecer el pecado. Tercero, es por tanto una defensa contra toda tentación que nos llevaría a algo contrario a Dios y a la piedad. Y cuarto, será también una defensa contra todo enemigo. Podéis tener muchos enemigos, fuera y dentro; pero todos sus intentos de dañaros serán infructuosos si tenéis en el alma la nube de la presencia del Señor, y su gloria en medio de vosotros. Ningún enemigo puede heriros si el Señor es vuestra defensa.
Fuente y atribución
Autor original: J. C. Philpot
Título original: February 7
Fuente original: Grace Gems
Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. C. Philpot, publicado originalmente en Grace Gems.