Pensamientos vespertinos

La gloria final del creyente está asegurada en Cristo

La glorificación de todo creyente con Jesús honra a Dios y consuela a su iglesia, pues Cristo mismo pide al Padre que los suyos estén con Él para contemplar su gloria.

La cierta glorificación con Jesús de todo creyente es una verdad que compromete tanto el honor de Dios como el consuelo presente y la dicha futura de la iglesia. La idea contraria, la posibilidad de que un hijo de Dios quede corto de la gloria eterna, al desenganchar el alma de Dios y arrojarla sobre sí misma, conduce necesariamente a visiones bajas y deshonrosas del carácter divino, y engendra en la mente un espíritu de servidumbre y una dolorosa aprensión igualmente contrarias a una cristiandad sana y fructífera. Pero lo más solemne es que tal doctrine extiende un velo espeso sobre la gloria de Emanuel: toca cada perfección de su ser. Si uno de los que el Padre le dio, uno cuyos pecados Él llevó, cuya maldición soportó, cuya alma renovó por su Espíritu, fuera al fin y eternamente perdido, ¿dónde quedaría su gloria? ¿Dónde la gloria de su verdad, de su poder, de su amor, de su obra? Desvanecida.

Pero todos serán llevados sanos y salvos al cielo. Escucha cómo, en vísperas de su pasión y a punto de saltar de su cruz a su trono, Cristo intercede con autoridad por esta coronada bendición: "Padre, quiero que donde yo estoy, también estén conmigo los que me has dado, para que vean mi gloria". ¡Sublime oración! ¡Petición tan comprensiva y tierna! Cuánto anhelaba el Cabeza tener consigo a cada miembro de su cuerpo. Y esto no lo pide como un don, sino que lo reclama como un derecho: en virtud de su compromiso pactado con el Padre, de su plena satisfacción a la justicia divina, de su obediencia perfecta a la ley y de su redención consumada, se postra reverente ante el trono de la misericordia y eleva la petición más sublime que brotó jamás de labio mortal. La razón es esta: "para que vean mi gloria". Con amor infinitamente más intenso que el de José hacia sus hermanos, nuestro José anhela que todos los suyos sean llevados al cielo para contemplar allí su gloria.

Fuente y atribución

Autor original: Octavius Winslow

Título original: Evening Thoughts - October 17

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Octavius Winslow, publicado originalmente en Grace Gems.

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