Palabras diarias para los peregrinos de Sion

La gracia que comienza y la gloria que se consuma

Donde el Señor da gracia, da también gloria; la gracia es gloria comenzada y la gloria gracia consumada, segura en las manos de la Cabeza del pacto.

Dondequiera que el Señor da gracia, en esa gracia y con ella da gloria. Leemos: «A los que predestinó, a éstos también llamó; y a los que llamó, a éstos también justificó; y a los que justificó, a éstos también glorificó». Así, ya los ha hecho, aun en la tierra, partícipes de su gloria al hacerlos partícipes de su gracia; pues así como en el botón está la flor, y en la flor el fruto, así en la gracia que brota está la gloria que florece: la gracia no es sino la gloria comenzada, y la gloria no es sino la gracia consumada. Considerada como futura, en su plena consumación, la gloria es estar con Jesús en regiones de eterna bienaventuranza, donde las lágrimas son enjugadas de todo rostro; es verle tal como él es, ser conformados a su gloriosa semejanza, ser librados de todo pecado y dolor, y habitar para siempre en aquella tierra dichosa «cuyos moradores no dirán: Estoy enfermo»; es tener un cuerpo glorificado reunido con un alma glorificada, bebiendo a plenitud, con indecible satisfacción pero sin hartura, los placeres que están a la diestra de Dios para siempre jamás.

Pero ningún corazón humano puede concebir, ni lengua humana desplegar, en qué consisten la naturaleza y la plenitud de esta gloria; pues «cosas que ojo no vio, ni oído oyó, ni han subido en corazón de hombre, son las que Dios ha preparado para los que le aman». Sin embargo, toda esta gloria la dará el Señor a aquellos sobre quienes ya ha derramado su gracia. Les da gracia ahora para conducirlos a través de este mundo desierto, este valle de lágrimas, esta escena de tentación, pecado y dolor; y cuando los lleve a aquella orilla dichosa, allí les dará la plenitud de su gloria. Entonces se cumplirá plenamente la oración del Redentor: «Padre, quiero que también los que me has dado, estén conmigo donde yo estoy, para que vean mi gloria que me has dado» (Juan 17:24).

Su derecho y título al disfrute de esta herencia predestinada están seguros en las manos de su Cabeza del pacto; y viviendo él a la diestra de Dios para salvarlos hasta lo sumo, todas sus tentaciones, enemigos, pecados y dolores nunca podrán impedirles llegar a la orilla en que Dios ha decretado que desemboquen a salvo. Satanás puede tender mil lazos para enredar sus pies; ni un día, apenas una hora, puede pasar sin que estén abrumados por el pecado que habita en ellos; y muchas punzadas de culpa y escalofríos de desesperación pueden parecer a veces cortarlos del todo de la vida eterna. Pero, con todo, donde el Señor ha dado gracia, dará gloria; pues cuando da gracia con la mano izquierda, da gloria con la derecha; antes bien, con ambas manos da a un tiempo gracia y gloria, pues ambas brotan del mismo corazón amoroso y son dadas por el mismo Dios amoroso.

Fuente y atribución

Autor original: J. C. Philpot

Título original: March 23

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. C. Philpot, publicado originalmente en Grace Gems.

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