Palabras diarias para los peregrinos de Sion

La gracia soberana que da vida al alma muerta

Si nadie puede vivificar su propia alma, la vida nueva procede necesariamente de la gracia soberana; y el evangelio llega con poder a los que Dios escogió para vida eterna.

Es una afirmación muy solemne pero muy verdadera, que ningún hombre puede vivificar su propia alma; y es una verdad igualmente solemne, casi podríamos decir tremenda, que el evangelio solo viene con poder a aquellos a quienes Dios ha escogido para vida eterna. En efecto, lo uno brota de lo otro; pues si ningún hombre puede vivificar su propia alma, se sigue necesariamente que ha de ser por gracia soberana que su alma es vivificada. Una vez admitida la caída, y reconocido que el hombre es por naturaleza tan muerto en delitos y pecados que no puede alzarse de este estado a novedad de vida, la doctrina de la elección se sigue necesariamente.

Un alma viva puede razonar así: "¿He sido vivificado? Sí. ¿Me vivifiqué a mí mismo? No. No pude; pues estaba muerto en pecado. ¿Me vivificó entonces Dios? ¿Quién sino él pudo dar vida a mi alma muerta? Pero ¿por qué me vivificó, estando yo muerto en pecados? Porque me amó y me escogió en Cristo para ser heredero de su gloria eterna". Ahora bien, ya sea que podáis hablar así o no, no cabe duda de que el Señor tiene un pueblo que le es amado, y al cual él se hace amado. Estos, aunque despreciados o inadvertidos por los hombres, son los escogidos de Dios; y si sois un vaso de misericordia a quien él ha escogido así para vida eterna, el evangelio ya ha venido, o, en su propio tiempo y manera, vendrá con poder a vuestro corazón y conciencia.

Fuente y atribución

Autor original: J. C. Philpot

Título original: December 1

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de J. C. Philpot, publicado originalmente en Grace Gems.

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