Mañana y noche

La guerra del creyente contra el dragón hasta el triunfo final

La paz entre el bien y el mal es imposible; los siervos de Cristo nacieron para ser guerreros y deben combatir al dragón con la certeza de su derrota final.

La guerra siempre arderá entre las dos grandes soberanías, hasta que una u otra sea quebrantada. La paz entre el bien y el mal es imposible; la sola pretensión de ella sería, de hecho, el triunfo de los poderes de las tinieblas. Miguel peleará siempre; su alma santa se indigna contra el pecado, y no lo soportará. Jesús será siempre el enemigo del dragón, y no en un sentido quieto, sino activo, vigoroso, con plena determinación de exterminar el mal.

Todos Sus siervos, ya sean ángeles en el cielo o mensajeros en la tierra, habrán de pelear y deben pelear; ¡nacieron para ser guerreros! En la cruz entran en pacto de no hacer tregua jamás con el mal; son una compañía guerrera, firmes en la defensa y fieras en el ataque. El deber de cada soldado en el ejército del Señor es combatir diariamente, con todo su corazón, alma y fuerza, contra el dragón. El dragón y sus ángeles no rehuirán la pelea; son incansables en sus asaltos y no perdonan arma alguna, lícita o ilícita.

Somos necios si esperamos servir a Dios sin oposición; cuanto más celosos seamos, más seguros estamos de ser asaltados por los esbirros del infierno. La Iglesia puede volverse perezosa, pero no así su gran antagonista; su espíritu inquieto no permite que la guerra se detenga; odia a la simiente de la mujer y devoraría con gusto a la Iglesia si pudiera. Los siervos de Satanás participan mucho de la energía del viejo dragón, y suelen ser una raza activa.

La guerra arde por doquier, y soñar con la paz es peligroso y vano. ¡Gloria a Dios, conocemos el fin de la guerra! El gran dragón será arrojado y para siempre destruido, mientras Jesús y los que están con Él recibirán la corona. Afilemos esta noche nuestras espadas, y pidamos al Espíritu Santo que fortalezca nuestros brazos para la contienda. Nunca una batalla tan importante; nunca una corona tan gloriosa. Cada hombre a su puesto, ¡oh guerreros de la cruz!, y que el Señor pisotee pronto a Satanás bajo vuestros pies.

Fuente y atribución

Autor original: Charles Spurgeon

Título original: November 30 — Evening

Fuente original: Grace Gems

Traducido y adaptado al español por Cristo Es Todo a partir de un escrito de Charles Spurgeon, publicado originalmente en Grace Gems.

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